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La
aparición de la dismorfofobia puede deberse a múltiples causas, las
cuales normalmente actúan sobre una cierta predisposición individual.
En la gran mayoría de pacientes encontramos que en su infancia se burlaron
de su cuerpo o de alguna parte del mismo, si bien, es en el comienzo de la adolescencia
cuando existe un mayor sensibilidad a la crítica, al comentario y a la
comparación.
En la edad adolescente el individuo todavía se encuentra en formación
y, carente de experiencia, psicológicamente es incapaz de defenderse de
las agresiones externas: un posible comentario proveniente de los padres o de
los amigos asume una importancia enorme si lo comparamos con las repercusiones
que pudiera tener en el adulto, que puede vivirlo incluso como divertido o gracioso.
Este temor propio de los adolescentes de todas las épocas esta siendo
hoy exacerbado por las continuas imágenes difundidas por los medios de
comunicación. La obsesión por el cuerpo es, sin duda, una característica
de nuestro tiempo y el culto que se le rinde es cada vez más importante.
Los jóvenes están siendo obligados a compararse con el estereotipo
rígido de belleza y salud que la sociedad nos propone.
La alta competitividad de la sociedad en la que vivimos, el bombardeo publicitario
de modelos con cuerpos perfectos y la falta de valores reales provocarán
en el adolescente una disminución de la autoestima de manera que su único
mecanismo de defensa será acrecentar el grado de identificación
con el grupo que frecuenta, con la imagen que esta de moda o con su propio ídolo.
Así, el grupo de los amigos se convertirá en uno de los principales
puntos de referencia cuya aprobación o rechazo, real o imaginario, reviste
gran importancia en este particular momento de la vida, haciendo al adolescente
extremadamente dependiente de este tipo de opiniones. Esto es aún más
acentuado en las adolescentes. En ellas se aprecia una mayor necesidad de sentirse
bellas y admiradas: en encuestas realizadas en muchachas de 11 a 19 años,
la preocupación principal es su apariencia física (59%) y solo el
4% aspira a una mayor capacidad intelectual.
La gravedad del proceso dismorfofóbico es todavía mayor cuando
esta fobia persiste en la edad adulta: Al finalizar la adolescencia la persona
debe haber adquirido la suficiente madurez psíquica y un sentido de seguridad
en si mismo tal que le permita superar cualquier impedimento motivado por su aspecto
físico y relacionarse adecuadamente con sus semejantes. No se puede negar
que un aspecto físico no particularmente atractivo sea causa de sufrimiento,
sin embargo, eso es diferente a la fobia adolescente a no ser normal. Por otra
parte, en nuestra sociedad el adulto tiene a su alcance mayores posibilidades
de resolver su problema gracias a la contribución de la cirugía
plástica a la mejoría general de la condición estética
de la humanidad.
Otra circunstancia en la que con frecuencia encontramos este cuadro es en mujeres
a las que el marido socaba su seguridad mediante ofensas y comentarios
sobre su físico.
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