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Todos
somos vulnerables al desencuentro con nuestro propio cuerpo, sin embargo, siendo
la adolescencia la etapa de la vida en la que se dan las mayores transformaciones
corporales, es normal que también a esa edad exista un riesgo mayor de
padecer esta enfermedad. Cabe preguntarse cómo podremos prevenir esta enfermedad
y cómo deberemos actuar en caso de que aparezca.
Es evidente que no pueden darse recetas que sirvan para todos los casos pues
cada individuo es un ser diferente que se enfrenta de distintas maneras a la aventura
de la vida, sin embargo, si podemos afirmar que el mejor tratamiento es la prevención,
y su mejor camino, la comprensión.
Una educación en el ámbito familiar basada en el amor, que aporte
la necesaria confianza y seguridad en sí mismo (resultante del apoyo y
fortaleza de los padres) y que a la vez forme para la libertad y la autodeterminación
(ser capaz de pensar, de decidir y de soportar las frustraciones), y que tenga
en cuenta no sólo aquello que manifiesta su conducta, si no también,
las necesidades propias de cada etapa de la vida y los sutiles cambios psicológicos
que les acompañan. Además, aunque no cabe duda que la imagen física,
y actualmente de manera más intensa, es fundamental en nuestra vida cotidiana,
es necesario relativizar su importancia, haciendo hincapié en otros valores
del ser humano: la bondad, la solidaridad, la honestidad, la cultura, la sensibilidad
artística...
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la enfermedad? »
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