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Si,
por el contrario, ya nos encontramos ante la enfermedad, lo más
importante es ser conscientes de que se tiene un problema al que
nos podemos enfrentar.
En casos leves, el apoyo del entorno (familiares, amigos, un ser
querido) puede ser suficiente para recuperar la confianza en si
mismo, sin embargo, en los casos severos deberemos recurrir a la
ayuda de un profesional: psiquiatra o psicólogo.
Existen muchos tipos de terapia eficaces en las alteraciones de la imagen corporal,
si bien, las más adecuadas son aquellas que se basan en la toma de conciencia
tanto del espacio interno como del externo: La toma de conciencia relajada de
la parte afecta mejora de manera clara su relación con ella (las técnicas
conductistas permiten disminuir la ansiedad distrayendo a la persona de los estímulos
internos ansiógenos), mientras que la toma de conciencia del espacio externo
(la terapia gestáltica tiene como base el proceso del darse cuenta) permite
a los individuos el acercamiento a estímulos externos temidos y superarlos,
en ella se aplica de manera amplia la conciencia del espacio externo.
Finalmente, cuando de verdad existe una alteración, la cirugía
estética, sola o asociada al tratamiento psicológico, ha mostrado
ser una excelente ayuda para reducir o eliminar algunas de las manifestaciones
asociadas a la dismorfofobia: Un gran número de pacientes tratados con
cirugía estética, no solo han estado satisfechos con su nueva apariencia,
sino también, han encontrado un importante aumento en su autoestima y una
clara mejoría en la forma de relacionarse con los otros. 
Introducción a la dismorfofobia »
Causas
de la dismorfofobia »
¿Cómo reconocer
la enfermedad? »
Prevención de la dismorfofobia»
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