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Hagamos un experimento: con un papel y un lápiz dibuja una
recta de la dimensión que quieras. Fíjate bien en
ella y después divídela en dos partes desiguales mediante
un pequeño trazo, de tal forma que los dos segmentos sean
equilibrados y proporcionalmente agradables. Mídelos. Podrás
verificar, entonces, que la menor es aproximadamente un 62 % de
la mayor y que ésta es un 62% de la recta completa.
Fray Paciolo di Borgo, monje italiano, enuncia en el 1509
una fórmula matemática cuya aplicación da una
constante a la que denominónúmero de oro,
sección áurea, o divina proporción.
Ya utilizada de forma empírica en la antigüedad, ésta
Divina Relación se encuentra cuando, realizando el ejercicio
anterior, el segmento menor está en la misma proporción
con respecto al mayor que éste con respecto a la suma de
ambos, es decir, con respecto al total. Este número equivale
al 62% y es exactamente 0.618.
Curiosamente, esta proporción, considerada como la más
armoniosa para la sensibilidad humana, se corresponde con las proporciones
que nos presenta la naturaleza. La misma relación la encontramos
entre las diferentes medidas de la cara, en las ramas de los árboles,
en los cristales minerales, en las conchas marinas, en la relación
entre los ejes mayor y menor de un huevo de gallina, etc.
Es sencillo comprobarlo, entre la anchura de la nariz y de la boca,
o entre las distancias comprendidas desde el pelo de la frente hasta
la base de la nariz y entre ésta y la barbilla, etc.
Deducimos de estas sorprendentes "coincidencias" que
nuestra sensibilidad está condicionada ancestralmente por
unas proporciones presentes en la naturaleza. Fruto de la observación
humana a través de los tiempos, estas relaciones se han transformado
en arquetipos, se han estereotipado. Por lo tanto, dada esta proporción,
podemos entender que nuestra percepción de lo bello está
supeditada a la armonía de las medidas, y explica que, a
pesar de lo relativo del concepto de belleza, podamos considerar
la existencia de algo próximo a la belleza absoluta. 
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