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Por
debajo de la piel de todo el cuerpo tenemos una capa de grasa que aumenta bajo
determinadas circunstancias. Este acúmulo puede hacerse de forma homogénea
o bien, centrándose en determinadas zonas, dependiendo de un delicado equilibrio
neuro-hormonal. La predilección de la grasa por una u otra zona del cuerpo
tiene un marcado carácter familiar (congénito), depende especialmente
del sexo, del tipo de alimentación y del ejercicio físico.
Cuando una mujer se queja de exceso de grasa en su cara mientras que el resto
del cuerpo permanece normal; o en sus caderas, cuando las piernas son extremadamente
delgadas, la culpa de ello se encuentra en un condicionamiento genético
(familiar) o en una disfunción neurohormonal.
Cuando el exceso de grasa se reparte por todo el cuerpo se denomina obesidad
y normalmente obedece a un exceso de comida y poca actividad física.
En la cara y en el cuello nos encontramos con mucha frecuencia
que la grasa se acumula preferentemente debajo del mentón,
en la parte anterior del cuello, y encima de los laterales de la
mandíbula, lo que ocasiona la pérdida de la línea
de la mandíbula y del
ángulo del cuello: papada, doble mentón...
El tratamiento en estos casos depende especialmente de la edad:
de la elasticidad o flacidez de la piel. En jóvenes con piel
elástica será suficiente una lipoescultura
de la cara o cuello, mientras que en personas mayores tendremos
que realizar, además, un estiramiento
o lifting cérvico facial
para eliminar el exceso de piel. 
• Delporte, Henri. La imagen de
la mujer en el arte prehistórico. Ed.Itsmo, Madrid, 1982
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