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| La corrección de las fisuras labiales
ha sido una preocupación para los cirujanos de todas las épocas
como puede apreciarse en esta imagen del siglo XVIII. |
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A veces, la naturaleza, como si estuviese cansada de su propia
evolución, se queda a mitad de su trabajo y da frutos incompletos,
imperfectos o a medias. Esto ocurre en los casos de bebés
que nacen con el labio hendido (fisura labial) e, incluso,
con el paladar abierto (fisura palatina). El nombre de labio
leporino proviene de liebre debido a que recuerda al hocico
de los mismos.
Aunque la fisura de labio es la más frecuente de las deformidades congénitas
(1 de cada 1.000 nacidos vivos presenta labio leporino), existen otras fisuras
faciales, afortunadamente menos frecuentes, que pueden afectar a la gran mayoría
de las estructuras de la cara provocando alteraciones de muy difícil tratamiento.
Por otra parte, las fisuras labiales suelen aparecer asociadas a otras patologías
como son las fisuras de paladar, las alteraciones morfológicas de la nariz,
y alteraciones auditivas y cardíacas.
La causa de esta malformación congénita no es conocida, sin embargo,
sabemos que aproximadamente entre la 4ª y 7ª semana se produce un fallo
en el desarrollo del embrión que ocasiona la falta de unión de las
estructuras de la cara.
Independientemente de esto, es frecuente que los padres sufran un injustificado
complejo de culpabilidad y que achaquen a motivos varios el origen
del problema: disgustos, alimentación caprichosa, fármacos...
En realidad, no tenemos certeza de cuál es la verdadera etiología
de esta alteración y, aunque el factor hereditario es uno
de los principales aspectos encontrados, sabemos que hay otros y
éstos son incontrolables.
Con respecto a la herencia de la malformación, siendo la enfermedad
de carácter recesivo, un portador de labio leporino podrá casarse
sin correr mayor riesgo, a no ser que tenga la desventura de que su esposa también
sea portadora del mismo gen. 
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