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| Paciente de 67 años de edad con
un tumor benigno de origen linfoide en la punta nasal. El tratamiento consistió
en su resección completa dejando cicatrizar por segunda intención
el área cruenta. |
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El tratamiento de los tumores pequeños no suele revestir mayores complicaciones
salvo que afecten a estructuras nobles mientras que el de los tumores
extensos, por su complejidad, puede exigir la participación
de equipos multidisciplinarios formados por diversos servicios:
oncología, patología, dermatología, radiología
y radioterapia, otorrinolaringología, cirugía maxilofacial,
microcirugía, cirugía
plástica, psicología y psiquiatra, etc.
Los principios que han de seguirse en el tratamiento de cualquier tumor, tanto
benigno como maligno, son la resección completa y adecuada del tumor, la
preservación de la función de las estructuras afectadas y la reparación,
inmediata o diferida, de los defectos ocasionados por el tratamiento.
Resección adecuada del tumor: La resección será
amplia -con eliminación completa de la lesión- y debe
comprender los márgenes de seguridad adecuados según
el tipo de tumor. Denominamos margen de seguridad a la extensión
de tejido aparentemente libre de tumor que incluimos en la resección
del mismo. Se basa en estudios estadísticos, es específico
para cada tipo histológico de tumor y depende de su estadío
de evolución y de su localización. Los límites
recomendados para la extensión de la resección pueden
variar de unos milímetros a varios centímetros.
Por otra parte, la resección no debe tener en cuenta las dificultades
de la reparación de la lesión o herida quirúrgica.
Es más, incluso, cuando se dispone de equipos quirúrgicos
multidisciplinarios, puede ser recomendable que las extirpaciones
tumorales las realicen los cirujanos de cabeza y cuello especialistas
en oncología (maxilofacial, otorrinolaringólogo) mientras
que la reconstrucción correría a cargo de un cirujano
plástico.
Los métodos tradicionales de tratamiento de los tumores
incluyen, principalmente, el uso de la escisión con bisturí
o resección simple, de quimiocirugía de Mohs
o escisión controlada al microscopio, de criocirugía,
electrocoagulación, electrodesecación o resección
con electrobisturí, ablación con Láser,
radioterapia y quimioterapia. Otras opciones de tratamiento son
la escisión de afeite, el raspado y dermoabrasión.
Cada uno de ellos es útil en situaciones clínicas
específicas y, dependiendo de la selección de los
casos, estos métodos tienen tasas de curación que
van del 85% al 95%.
En los tumores con posibilidades de malignidad no debemos utilizar técnicas
de exéresis que destruyan el tumor como son, la electrocoagulación,
la criocirugía o la ablación con láser; es más, para
nosotros, únicamente estarían indicadas estas técnicas para
tumores superficiales (epidérmicos) claramente benignos.
Preservar la fisiología o función de la región:
Cuando el tumor afecta las proximidades de estructuras nobles como el globo ocular,
párpado, nariz, oreja, o nervio facial, únicamente actuaremos sobre
ellos en caso de invasión tumoral.
Reparar o reconstruir las pérdidas: Después de la exéresis
tumoral siempre procederemos al cierre de la herida quirúrgica o a la reparación
de las pérdidas provocadas por la resección del tumor de manera
tal que el resultado obtenido sea lo más estético o, por lo menos,
lo menos estigmatizante posible.
Antes de realizar la exéresis del tumor deberemos tener claramente definido
el método de reparación de la herida considerando que la previsión
de dificultades para la reparación no debe modificar la extensión
de la resección.
Los métodos de reparación son la sutura directa,
la cicatrización por segunda intención, los injertos
y los colgajos. A la hora de elegir
el más adecuado hemos de tener en cuenta que éste
deberá permitir el control de las posibles recidivas tumorales.
Por ese motivo no utilizaremos colgajos en caso de tumores malignos
con posibilidades de recidiva, especialmente melanomas, siendo preferible
dejar la reparación definitiva para un segundo tiempo. Tampoco
debemos utilizar colgajos para el cierre del defecto ante la falta
de certeza de haber extirpado todo el tumor, es decir, hasta tener
el resultado del estudio anatomopatológico. 
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