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Creo interesante explicar las diferencias existentes entre un buen resultado,
un resultado insatisfactorio, el mal resultado, las complicaciones y las secuelas.
Un buen resultado
El buen resultado llena de satisfacción tanto al paciente
como al cirujano. No importa que pueda
ser necesario más tarde realizar algún pequeño
retoque para mejorar una cicatriz, o algún otro detalle menor,
lo fundamental, es que los dos son felices. No cabe duda de que
los resultados dependerán, en gran medida, de las condiciones
iniciales existentes, es decir, no se puede esperar lo mismo de
un estiramiento facial en
un hombre de 40 años que en
uno de 70, ni en la abdominoplastia
de una mujer obesa o de una delgada. Cuando se han establecido claramente
las perspectivas de la operacion, tanto unos como otros quedarán
satisfechos.
Por otra parte, cabe diferenciar una cirugía seriada o previamente
planificada en varios tiempos quirúrgicos, (primero realizar
un lifting de la parte superior
de la cara y posteriormente, de la parte inferior) de lo que es
un retoque. Por ejemplo, en la rinoplastia
no es infrecuente la necesidad de retocar la cirugía inicial.
Las causas son múltiples e incluyen, las peculiaridades de
la cicatrización, las limitaciones
de los propios tejidos del paciente, la falta de entendimiento entre
lo que, el o la paciente desea, y lo que el cirujano propone, y
como no, depende de la pericia del propio cirujano.
Un resultado insatisfactorio
Como resultado insatisfactorio podemos considerar aquel que, si bien, técnicamente
es correcto, no ha conseguido ofrecer lo esperado. Normalmente se debe a una deficiente
comunicación entre el paciente y el cirujano, a que los criterios estéticos
de ambos no coinciden, o bien, a que el paciente no reunía las condiciones
psíquicas o emocionales adecuadas para la cirugía.
Ejemplo de ello es una nariz perfecta pero muy pequeña en una cara grande,
una nariz femenina en un hombre... Como ejemplo típico del caso que no
debe ser intervenido, es el de aquellos pacientes que no se operan para mejorar
un aspecto determinado de su físico, sino, para conseguir con ello mejorar
una relacción afectiva deteriorada. Como es lógico, la cirugía
nunca podrá solucionar sus problemas, y el resultado será insatisfactorio.
Un mal resultado
Un mal resultado es aquel que presenta evidentes defectos, fruto de deficiencias
conceptuales o técnicas. Lo primero, y quizá lo más difícil,
como en todo acto médico, es el diagnóstico: es fundamental un análisis
acertado del problema para poder corregirlo. Una vez decidido cómo se va
a proceder, es necesario que la realización sea llevada a cabo de forma
adecuada.
Es propio de los senos operados por quien no está debidamente
capacitado, que en las reducciones
queden grandes asimetrías,
o que las areolas estén
mal colocadas, o en general formas y volúmenes antiestéticos...
En la cirugía de abdomen,
que el ombligo quede fuera de su posición, o que sobren masas
de tejido en los laterales de la cicatriz... Es también un
mal resultado, la liposucción
exagerada de una parte o la deficiente en otra, las irregularidades...
La corrección suele exigir una nueva intervención.
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