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Para
obtener el equilibrio de las proporciones se han intentado multitud de artilugios,
como el rinómetro o medidor de las dimensiones de la nariz de principios
de siglo, sin embargo, sólo mediante la sensibilidad artística podemos
acercarnos a la armonía natural en los resultados. Bajo estos principios
abordamos una de las facetas más interesantes de la cirugía estética:
la posibilidad de modificar el rostro humano. En la configuración del
perfil intervienen líneas rectas, curvas, ángulos, salientes y entrantes. El
perfil depende de la forma y tamaño de la nariz, del volumen del mentón,
de la curvatura y angulación de la frente, de las dimensiones y proyección
de la boca y del ángulo y de la línea del cuello.
La nariz es la estructura más saliente y central de la cara que se equilibra
con los extremos, el mentón y la frente. Sus dimensiones, aunque tienen
un valor relativo con respecto a las otras partes y al todo, al mismo tiempo poseen
un valor absoluto u objetivo, demostrable por estudios especiales que comprenden
la fotografía, radiografía y cefalometría. A pesar de ello,
sigue siendo la sensibilidad la que determina, en la mayoría de los casos,
el tipo de alteración que presenta un rostro lo cual se confirma con las
pruebas anteriores. La rinoplastia modifica su forma, tamaño y posición.
El mentón: cuando esta poco desarrollado se denomina hipomentonismo
o retrognatismo y cuando es excesivamente prominente, hipermentonismo o prognatismo.
Puede aumentarse o disminuirse mediante implantes y osteotomía (cortes
en el hueso).
Los labios: existen diversas alteraciones que afectan a los labios: macroquelia
(excesivamente grandes), microquelia (pequeños), fisuras (labios leporinos),
atrofia (labio senil), labios finos...
Su tratamiento quirúrgico se denomina queiloplastia, si bien, con frecuencia
utilizamos implantes cuando el deseo es aumentar su volumen, perfilar o equilibrar
las proporciones entre el superior y el inferior. En estos casos es de suma importancia
la disposición y tamaño de la dentadura.
Los maxilares: en la conformación del perfil interviene también
el desarrollo de los maxilares, tanto del maxilar superior (maxila), como del
inferior (mandíbula).
El ángulo cérvico-mandibular, es decir, el formado por la mandíbula
y el cuello propiamente dicho, depende tanto de la estructura ósea como
de la musculatura y de la grasa. En esta zona los músculos se insertan
en un hueso denominado hioides, cuyo nivel de implantación modifica dicho
ángulo: un hueso bajo hará que el ángulo, que en condiciones
ideales se aproxima a los 90 grados, sea más abierto, llegando a ser una
recta o incluso, en casos de gran obesidad, se transforme en una curvatura convexa.
El paciente
Es importante destacar que en la cirugía del perfil facial, frecuentemente,
la modificación de las estructuras conlleva unas alteraciones en la propia
imagen que pueden llegar a ser importantes y afectar a la personalidad. Es por
eso que el paciente que se somete ha este tipo de cirugías ha de ser especialmente
bien informado y estar preparado para aceptar los cambios sin perjuicio de su
equilibrio psíquico. Es decir, ha de ser una persona mental y físicamente
sana.
Es frecuente, no obstante, que los desequilibrios anatómicos no se correspondan
con la intensidad de las repercusiones psicológicas que conllevan. La comprensión
de la estructura psíquica del paciente es de suma importancia para evitar
operar a quien presenta unas expectativas que no se correspondan con los resultados
previstos: pequeñas deformidades pueden tener indicación quirúrgica
en pacientes de psiquismo normal mientras que, incluso, las importantes pueden
estar desaconsejadas en individuos emocionalmente desequilibrados.
Por otra parte, no olvidemos que la nariz presenta una evidente influencia
hereditaria, familiar y racial, cuyos rasgos se enfrentan con unos atributos de
belleza arbitrarios y a su vez dependientes de múltiples factores sociales.
No cabe duda que por encima de éstos ha de prevalecer la satisfacción
del propio individuo con su fisionomía: haz de tus defectos tus mayores
virtudes es una máxima eficaz, aunque desgraciadamente no siempre válida.
Por último, una nariz es normal cuando además de guardar ciertas
proporciones se encuentra en armonía con las demás estructuras de
la cara.
A veces algún paciente acude al cirujano plástico insatisfecho
con la nariz que Dios le dio, saque del bolso un recorte de revista con la foto
de una persona famosa y, dejándolo cuidadosamente sobre la mesa diga: "¡Doctor,
a mí me gustaría tener una nariz así!"
Infelizmente y en realidad, no es fácil reproducir un tipo de nariz
determinado. Es más, muchas veces esto es imposible debido a las limitaciones
impuestas por las características de la nariz en cuestión: una piel
gruesa y unos cartílagos fuertes impedirán conseguir una nariz fina
y delicada.
De todas formas, lo más importante sigue siendo el entendimiento entre
paciente y cirujano para, entre ambos, elegir el tipo de nariz más adecuado
a las particularidades del rostro. Esto puede necesitar más de una consulta,
pues es fundamental estudiar detenidamente cada caso y aclarar cualquier duda
antes de la intervención.
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