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| Una rinoplastia normal sigue unos pasos
que, aunque pueden variar de un cirujano a otro, podremos resumir en: A: sección
del cartílago alar. B: resección de su porción superior.
C: despegamiento subcutáneo del dorso. D: raspado del dorso óseo.
E: resección del dorso cartilaginoso. F: fractura. G: aproximación
de los huesos propios y de las apófisis ascendentes de la maxila. |
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Esta operación consistiría en, a través de una incisión
realizada en la mucosa nasal, despegar la piel, retirar el exceso de hueso y cartílago
del dorso y remodelar los cartílagos de la punta de la nariz. Cuando la
resección de la cúpula ha ocasionado la separación de los
huesos se procede a la fractura de los mismos con la finalidad de poderlos aproximar.
Por otra parte, lo más importante y a la vez más difícil
es conseguir armonizar el dorso y la punta resultantes.
Pero no siempre la nariz presenta las características mencionadas, por
lo que la operación puede requerir otros tipos de procedimientos quirúrgicos.
Los más frecuentes son los injertos de cartílago, tanto para elevar
o rectificar el dorso como para modificar la punta; las alas de la nariz pueden
necesitar su rotación cuando las narinas están muy abiertas o la
resección (afinamiento) cuando son muy gruesas.
Si existe desvío de la nariz, o en algunos casos de dificultad respiratoria,
suele ser necesario el tratamiento del septo. La misma dificultad respiratoria
puede ser debida a alteraciones de los cornetes, lo que exigiría su tratamiento.
Por último, existe una patología de la piel de la nariz consistente
en una hipertrofia de las glándulas sebáceas locales que conlleva
una deformación característica y que recibe el nombre de rinofima.
Su tratamiento consiste en la retirada y esculpido de la piel alterada, que, espontáneamente,
cicatrizará y dará origen a otra piel de características
normales.
La rinoplastia es una cirugía que puede ser realizada bajo anestesia
general o bien con anestesia local acompañada de sedación.
La duración de la intervención es entre una y dos horas y en
la mayoría de los casos el paciente no necesita permanecer internado en
el hospital pudiendo irse a dormir a casa.
Al final de la cirugía se coloca en el interior de las fosas nasales
un taponamiento con gasa que se retira entre el 2 y 7 día después
de la operación, dependiendo del tipo de cirugía realizada.
En la parte externa de la nariz aplicamos un vendaje con esparadrapo antialérgico
y yeso con el fin de inmovilizar los tejidos. Su tiempo de permanencia está
supeditado, también, al tipo de intervención y suele ser entre una
y dos semanas.
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