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Autores de esta publicación:
Dr. Pedro Arquero Cirujano Plástico. Doctor
en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro
de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y
Estética.
Dra. Natalia Torres Waldhaus Especialista en Cirugía
General. Ayudante quirúrgico de la Clínica Dr. Arquero.
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Proponer el estudio de los implantes mamarios en casos complicados
equivaldría a suponer que los hay sencillos. Sin embargo, en este tipo
de intervenciones el factor sorpresa nos impide hablar de casos fáciles
con resultados seguros. Esto se debe tanto a las diferentes respuestas a cuerpo
extraño como a la infrecuente posibilidad de encontrar una paciente con
las mamas ideales. De todas maneras, no es menos cierto que determinadas situaciones
incrementen la dificultad. En la práctica podemos decir que son implantes
complicados todos los que se complican y aquellos cuyas características
iniciales dificultan la obtención de un buen resultado.
Cuando una paciente acude a nuestra consulta solicitando un
aumento mamario lo primero que hacemos es clasificar el tipo mamas. En la exploración
debemos valorar si ha sido operada anteriormente, si ambas mamas se parecen y
su forma es normal, que tamaño tienen y la posición del complejo
areola-pezón (CAP). Es necesario verificar la posición simétrica
de los pezones (a) y surcos (b1, b2), la distancia entre la escotadura esternal
y el pezón (c) y la posición de este respecto a la línea
media clavicular (e), así como la separación entre las mamas a nivel
esternal (d) y la distancia intermamilar (a) (imagen1).
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Imagen 01 Estudio preoperatorio
en los implantes mamarios: (a1 y a2): altura de los pezones; a: distancia intermamilar;
(b1 y b2): altura de los surcos submamarios; c: distancia desde la escotadura
esternal al pezón; d: distancia intermamaria; (e1 y e2): posición
del pezón respecto a la línea media clavicular (e).
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Para facilitar su estudio diferenciamos tres grupos de pacientes
según el tamaño inicial de las mamas tomando como indicador la formación
del surco inframamario. Así, el tamaño puede ser: Mínimo
(M1): sin surco; Pequeño (M2): este se insinúa y Moderado (M3):
se marca el surco.
Por otra parte, en cada uno de estos grupos consideramos cuatro
variantes según la posición del complejo areola-pezón respecto
a la línea media clavicular y al surco inframamario. Dicha posición
puede estar: Centrada (C1) -vertical y horizontalmente- en la mama. Lateralizada
(C2) –horizontalmente- si se encuentra lateral a la línea media clavicular.
Bajo (C3) –verticalmente- si presenta una ptosis leve, es decir, que esta pueda
ser compensada con la colocación de prótesis. Muy bajo (C4) si el
pezón esta a la altura del surco o por debajo del mismo. La localización
horizontal puede variar dependiendo, especialmente, de las distancias intermamarias
a nivel esternal e intermamailar, mientras que la vertical dependerá de
la distancia pezón surco submamario.
Antes de profundizar en el tema es conveniente repasar brevemente
la normalidad: Diremos, por tanto, que una paciente presenta mamas de características
normales (1) cuando estas son simétricas, se encuentran en la posición
correcta y tienen una forma adecuada. Los complejos areola-pezón han de
estar a la misma altura y centrados en la mama y la paciente no ha de presentar
alteraciones torácicas ni de la columna vertebral (imagen 2).
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Imagen 02 Clasificación
para el aumento de las mamas normales según su tamaño tomando como
indicador la definición del surco submamario y la posición del CAP
respecto a la línea media clavicular. A: Tamaño Mínimo
(sin surco) y complejo centrado (M1-C1); B: Tamaño Pequeño (se
insinúa el surco) y complejolateralizado (M2-C2): C: Tamaño Moderado
(se marca el surco) y complejo alto y lateral (M3-C2):
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NUESTRA CONDUCTA
La técnica utilizada depende de cada cirujano si bien
el resultado, en nuestra opinión, ha de buscar la naturalidad, es decir,
una forma bella, un volumen adecuado, simetría y movilidad.
El aumento primario de las mamas exige una cuidadosa evaluación
de la morfología mamaria y de la anatomía de la pared torácica
(2) y presenta un amplio número de variables. En primer lugar es fundamental
entender los deseos de la paciente así como valorar sus características
y limitaciones titulares: Anchura de la base glandular, adecuada cobertura cutánea
y capacidad de distensión anterior por tracción de la piel y distancia
desde la areola y pezón al surco inframamario bajo tensión máxima.
Además, es importante evaluar la evolución y dinámica a largo
plazo del implante y de los tejidos blandos. Especial cuidado deberemos prestar
en los casos de mamas asimétricas y en aquellas con una cobertura cutánea
fina, con deficiente polo inferior o con ptosis.
Otras variables a tener en cuenta son el tamaño y la
forma del implante, la vía de abordaje y la localización y dimensiones
del bolsillo.
Respecto a la técnica quirúrgica preferimos realizar
la disección del bolsillo bajo visión directa de manera cuidadosa
y precisa minimizando el trauma tisular y el sangrado. Para evitar acúmulos
de sangre o serosidad, que favorecen la contractura capsular, dejamos drenajes
de rutina.
Anestesia: La inclusión de prótesis para
el aumento mamario puede ser realizada bajo anestesia general o local con sedación.
Preferentemente utilizamos esta última quedando la paciente en observación
durante unas horas o ingresada hasta el día siguiente.
Tamaño de las prótesis: La elección
del tamaño es una cuestión delicada que requiere detenerse con la
paciente para llegar a entender que es lo que realmente espera de la operación.
En principio no hay un volumen que convenga sino el deseo de alcanzar unas formas
que se relacionan con la imagen de la feminidad que la paciente posea. Las tallas
de sujetador son un mal indicador. El método que utilizamos para definir
el tamaño es colocar prótesis de diversos volúmenes en un
sujetador sin relleno hasta encontrar aquellas con las que mejor se encuentre.
Tipo de prótesis: Actualmente utilizamos preferentemente
las prótesis rellenas de gel de silicona aunque, en determinadas ocasiones,
también las recubiertas con poliuretano y las rellenas de suero fisiológico.
Para nosotros cada una tiene una indicación por lo que su elección
estará condicionada por las características de cada caso.
Las prótesis de silicona han pasado todas las pruebas
necesarias para ser consideradas como seguras. No obstante, nosotros aconsejamos
cambiarlas entre los 8 y 10 años después de colocadas para prevenir
su rotura por erosión y evitar que su contenido entre en contacto con la
cápsula.
Las de suero no necesitan esta precaución pues en caso
de que se desgaste la bolsa que contiene el suero su contenido es reabsorbido.
Sin embargo, tienen otros inconvenientes: Pueden deshincharse parcial o totalmente
una o ambas prótesis; son más duras al tacto y a veces provocan
ciertas sensaciones térmicas (frío local) o sonoras (sonido del
movimiento de agua si quedan burbujas de aire).
Respecto a la superficie lisa o texturizada preferimos colocar
en el plano submuscular implantes lisos puesto que en esta posición la
glándula tiene su propia movilidad la cual se verá acentuada por
el deslizamiento sobre la parrilla costal de las prótesis lisas. Si colocamos
la prótesis encima del músculo, directamente bajo la glándula,
utilizamos prótesis texturizadas, ya que disminuyen el índice de
contractura capsular (3). En estos casos preferimos implantar prótesis
revestidas de poliuretano que provocan la formación de una cápsula
mucho más blanda (imagen 3).
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Imagen 03 Paciente con hipoplasia
mamaria tipo M1-C2 (sin surco submamario y CAP lateralizado y alto). Fueron colocadas
prótesis de poliuretano a nivel subglandular vía areolar de 220-220
cc. Obsérvese la escoliosis que provoca asimetría de posición
de los CAP.
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Independientemente del contenido y de la superficie de las
prótesis, la elección de la proyección y diámetro
de las mismas es fundamental para la obtención de un resultado adecuado
a las características de cada paciente. Para ello deberemos prestar especial
atención a las medidas de la base mamaria y a su altura de tal manera que
la prótesis elegida se adapte a las dimensiones de la primera y compense
la segunda.
Finalmente, no creemos necesaria la utilización generalizada
de prótesis anatómicas (4) en el plano submuscular puesto que en
esta posición el músculo pectoral es mucho más grueso y capaz,
por si solo, de proyectar el polo superior de la mama. Además, este tipo
de prótesis aumentan las posibilidades de malposición por rotación.
Sin embargo, indicamos su empleo en la reconstrucción mamaria.
Vía de acceso: Respecto a la incisión
podemos decir que tenemos tres vías principales de acceso para la colocación
de prótesis de mama.
1. La areola: Nosotros optamos por la colocación a través
del borde inferior de la areola (periareolar inferior) por ser una zona de contraste
de tonos de piel. Incluso, en pacientes con piel morena o areolas oscuras recomendamos
exponer la cicatriz todavía inmadura (hiperémica) al sol o rayos
ultravioleta, puesto que normalmente ésta se pigmenta y se camufla todavía
más. En pacientes de piel blanca procuramos, por el contrario, proteger
la cicatriz de manera que una vez madura quede nacarada y se confunda con la piel
adyacente. Son también interesantes la vía trans-areolo-mamilar
y la trans-areolo-peri-mamilar.
2. La axila: Optamos por ésta vía cuando implantamos
prótesis de suero o la paciente rechaza la incisión areolar. Ésta
vía exige un especial cuidado para no dañar estructuras nobles de
la zona y plantea cierta dificultad para liberar las inserciones musculares y
la hemostasia.
3. El surco mamario: En implantes primarios no utilizamos esta
vía porque aunque la cicatriz sea de buena calidad siempre será
más visible que en las otras dos localizaciones y porque, en algunos casos,
puede darse una cicatrización hipertrófica o queloide (imagen 4).
Únicamente cuando existen cicatrices previas realizadas por otro cirujano
aprovechamos las mismas. Aunque la vía submamaria pueda facilitar técnicamente
la intervención en nuestra opinión sólo estaría indicada
en pacientes con areolas muy pequeñas o cuando las prótesis elegidas
sean muy grandes. También puede ser considerada su utilización cuando
las prótesis se colocan a nivel subglandular puesto que la caída
de la mama favorecerá que la cicatriz quede más oculta.
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Imagen 04 Diferentes vías
de acceso para la colocación de prótesis mamaria y sus posibles
complicaciones a nivel de la cicatriz. A: 27 años, prótesis
de 350-350 y cicatriz evidente en la areola. B: 35 años, prótesis
subglandular (175-175) con cicatriz queloide en el surco tratadas con corticoides.
Cambiamos las prótesis por otras de mayor tamaño (220-220) a nivel
submuscular y revisamos las cicatrices.
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Posición de las prótesis: De rutina preferimos
la colocación de las prótesis a nivel submuscular completo (músculo
pectoral mayor, serrato y oblicuo externo), con desinsercción muscular
a nivel de esternón y polo inferior de la mama mediante bisturí
eléctrico.
La situación submuscular (5) disminuye el porcentaje
de contractura capsular, separa la prótesis de la glándula y proporciona
al pecho un aspecto mucho más natural, evitando la redondez artificial
del polo superior y la rigidez de los mismos. También minimiza las retracciones
de la cápsula que se manifiestan en la piel a modo de ondas (rippling)
y facilita los controles habituales de la mama mediante ecografía y mamografía.
En pacientes con gran actividad muscular la colocación
en este plano puede provocar que la prótesis ascienda por lo que si desean
continuar ejercitando su musculatura pectoral optamos por la colocación
de prótesis de silicona recubiertas con poliuretano (6) por encima del
músculo. La colocación de la prótesis encima del músculo
evita su rozamiento continuo por lo que la duración de la prótesis
será mayor.
En los casos de ptosis leves o incluso moderadas la ubicación
subglandular puede compensar dicha caída si bien favorece, a medio-largo
plazo, una acentuación de la ptosis debida al peso de la unidad glándula-prótesis
sobre la piel.
El despegamiento: Tanto en el emplazamiento submuscular
como en el subglandular el despegamiento del bolsillo es fundamental puesto que
de él depende la ubicación de la prótesis y con ella, la
proyección de la glándula y la posición y dirección
del pezón. Esto hace que debamos realizar en cada caso un tipo de despegamiento
determinado, el adecuado para obtener el resultado que buscamos.
Por ejemplo, cuando la distancia intermamaria es pequeña
y el CAP esta medializado (C1) la colocación centrada de las prótesis
proyectará los pezones hacia delante manteniendo su posición correcta.
Si, por el contrario, esta distancia es amplia y la posición de los CAP
está lateralizada dicha colocación provocaría una acentuación
de la lateralización. En estos casos es necesario recurrir a la creación
de un bolsillo más lateral que compense dicha situación al llevar
los pezones hacia dentro (imagen 5).
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Imagen 05 Podemos utilizar la confección
de un bolsillo medial o lateral para compensar una distancia intermamaria excesiva
o un CAP lateralizado. Cuando esta distancia es pequeña y el CAP esta centrado
(A izquierda), la colocación de las prótesis proyectará los
pezones hacia delante manteniendo su posición. Si, por el contrario, es
amplia y la posición de los CAP esta lateralizada (A derecha) la colocación
centrada de las prótesis provocaría una acentuación de la
lateralización por lo que en estos casos es necesario recurrir a la creación
de un bolsillo más lateral que compense dicha situación al llevar
los pezones hacia dentro (C derecha).
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HIPOTROFIA CON PTOSIS
En los casos leves la hipotrofia con ptosis puede ser resuelta
mediante la colocación de implantes (imagen 6A), sin embargo, cuando la
expansión que provocan las prótesis no es suficiente para compensar
el exceso cutáneo se hace necesaria la resección de dicho exceso
para adecuar la cobertura al nuevo volumen mamario.
En la ptosis moderada la mastopexia periareolar puede ser suficiente
para la ascensión del CAP, mientras que en las importantes (imagen 6B y
6C) preferimos la realización de una plastia glandular tipo Arie-Pitanguy
con despegamiento completo de la glándula y medialización del polo
externo. En casos extremos recurrimos a la técnica en T con cicatriz horizontal
reducida (nunca debe sobrepasar los límites ocultos por la posterior caída
del polo inferior de la mama).
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Imagen 06 Diferentes tipos de hipoplasia
mamaria con ptosis (M3-C4). A: 36 años; Ptosis leve que resolvemos
con la inclusión de prótesis de silicona (260-260), lisas, submusculares,
vía areolar. B: 37 años, ptosis cutánea: mastopexia vertical
con prótesis (180-180). C: 31 años, ptosis glandular: matopexia
con prótesis (275-275).
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La mastopexia con prótesis añade, por tanto,
un alto grado de dificultad a los implantes mamarios puesto que en estos casos
será necesario valorar el descenso posterior de las mamas que normalmente
presentan flacidez de piel con o sin estrías.
ASIMETRÍA MAMARIA
La asimetría entre los dos lados del cuerpo es absolutamente
normal y convivimos con ella sin apenar percibirlo. En los pechos esto es todavía
más evidente de manera que suele decirse que ninguna mujer tiene los dos
pechos iguales. Solo llega a ser un verdadero problema cuando la diferencia es
muy manifiesta y lo es hasta tal punto que provoca, en quien lo padece, una verdadera
distorsión en la percepción de su cuerpo y en su feminidad, sobre
todo en la adolescencia. Puede ser de origen congénito o adquirido, presentarse
en múltiples grados y afectar al tamaño, a la forma o a la posición
de las mamas.
Encontramos asimetría mamaria (7,8) en pacientes con
alteraciones de la columna vertebral y torácicas, en las mamas tuberosas,
en el Síndrome de Poland, en aquellas pacientes que en su infancia sufrieron
quemaduras, infecciones, cirugías o traumatismos en el botón mamario
(que alterarán su desarrollo posterior) y en aquellas que han sufrido una
mastectomía.
Pocas pacientes acuden a nuestra consulta únicamente
por presentar una asimetría mamaria. Lo normal es que seamos nosotros quienes
hagamos el diagnóstico, determinemos el grado e intentemos corregirla.
La corrección de la asimetría mamaria importante (imagen 7C) puede
llegar a necesitar realizar un aumento mamario en una mama y la reducción
de la contralateral siendo, probablemente, una de las operaciones de mama más
complejas por la diferente evolución de cada una de las mamas. Las asimetrías
moderadas (imagen 7B) pueden ser compensadas mediante la utilización de
prótesis de diferente volumen y proyección o la confección
de bolsillos asimétricos. En las leves no es recomendable intentar su corrección
(imagen 7A)
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Imagen 07 Diferentes grados de
asimetría mamaria de tamaño. A. Mínima: 28 años,
(M2-C2): asimetría de tamaño y posición del surco; no es
necesario corregir; prótesis de 120-120. B. Moderada: 25 años,(M2-C3):
asimetría de tamaño, posición del surco y CAP: prótesis
de 240-275. C. Importante: 18 años, (M3-C3/ Ht: Hipetrofia): Asimetría
severa que compensamos mediante una prótesis de 140 y reducción
de la mama contralateral.
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Con frecuencia las alteraciones de la columna vertebral
(cifosis y escoliosis) y del tórax (pectus excavatum y en
quilla) (imagen 8) ocasionan asimetrías mamarias aparentes o incrementan
las reales. La forma del tórax es dada por la columna vertebral y por la
parrilla costal y equivale, respecto a las mamas, a los cimientos de un edificio.
Su posición, por tanto, determinará la de las mamas.
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Imagen 08. Alteraciones del tórax.
A: 23 años. Pectus excavatum asimétrico con hundimiento de la
parrilla costal derecha y portadora de prótesis de Aceite de soja de 160-120
vía submamaria. Retiramos por la misma incisión dichas prótesis
colocando en el plano submuscular otras de silicona 350 perfil alto y 275 perfil
bajo. B: 49 años. Tórax en quilla (M2-C2) y prótesis de
275-275.
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Para su equilibrio, además de los procedimientos antes
expuestos, también podemos recurrir a la formación del surco inframamario
de manera asimétrica o a la modificación del emplazamiento de la
prótesis de tal manera que visualmente disimule la alteración.
Habitualmente las pacientes con mamas tuberosas o tubulares
(imagen 9) son portadoras de asimetría mamaria. Estas mamas normalmente
son hipotroficas y presentan una base estrecha, una altura excesiva y un estrangulamiento
anular localizado en el borde externo de la areola que provoca la deformidad de
la misma. Su tratamiento consiste en la colocación de una prótesis
submuscular, resección anular del exceso cutáneo o de la estenosis
y modelado de la glándula mediante incisiones radiales o plastia glandular.
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Imagen 09 Diferentes grados de
mama tuberosa o tubular. A. Leve: 30 años (M1-C1): Colocamos prótesis
de 160-140 vía areolar inferior y realizamos incisiones radiales en la
glándula. B. Modera: 25 años (M2-C2): Prótesis de suero
fisiológico (240-200) con resección cutánea periarolar y
plastia glandular. C. Importante: 23 años (M3-C3). Prótesis de
silicona submusculares (200-200) con resección cutánea periarolar
y plastia glandular.
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Los implantes en la reconstrucción mamaria son
un apartado especial y únicamente comentaremos la mastectomía subcutánea.
Utilizamos la vía areolar (9) en las mamas pequeñas que aunque dificulta
la exéresis de la glándula permite una reconstrucción inmediata
con una cicatriz mínima (imagen 10). En los casos de mamas grandes preferimos
la incisión vertical dejando que la piel se retraiga durante unos meses
para después realizar la retirada de la piel excedente a través
de una resección periareolar y vertical. Es sorprendente la capacidad de
retracción cutánea. Esta indicada en la profilaxis del cáncer
de mama, en las mastopatías de difícil control y en la mastodinia
severa. Es muy importante evitar esta intervención en pacientes fumadoras
por su alto riesgo de necrosis.
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Imagen 10 Mastectomía subcutánea
vía areolar inferior en paciente de 41 años con colocación
de prótesis de silicona de perfil alto (500-500) a nivel submuscular.
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MAMOPLASTIA DE AUMENTO SECUNDARIA
Los implantes que se han complicado son causa de verdaderos
desastres y presentan gran dificultad para su corrección.
Cuando acude a nosotros una paciente que presenta algún
tipo de complicación tras haberse sometido a una operación de aumento
de pecho es necesario reconocer en ella a una persona con un alto grado de frustración.
Esto es debido a que esta intervención es una de las más gratificantes
y de efectos más inmediatos y su fracaso supone similar desilusión.
Por esto, si tomamos la decisión de realizar una mamoplastia de aumento
secundaria deberemos tomar ciertos cuidados, especialmente a la hora de establecer
las metas a conseguir.
Concentrándonos en las complicaciones propias de los
implantes con repercusiones estéticas (10) y relacionándolas con
cada una de las variables podemos resumir:
- Paciente: insatisfacción con el tamaño o resultado.
- Mama: alteraciones o asimetría del tamaño, forma o posición,
atrofia glandular.
- Piel: estiramiento y adelgazamiento de la piel, ptosis, ondas cutáneas
y cicatrices evidentes.
- Prótesis: contractura capsular; bordes, ángulos o forma de la
prótesis visibles o palpables y posición inadecuada: ascenso, desplazamiento
lateral medialización excesiva y deslizamiento inferior.
- Surco: elevación, descenso, alteraciones, doble surco.
- CAP: alteraciones de la posición, retracciones.
Las más frecuentes son las provocadas por alteraciones
de la cápsula (imagen 11) (contractura capsular y laxitud capsular) y por
el desplazamiento o ruptura de las prótesis. Los procedimientos más
comunes para su tratamiento son la capsulotomía, la capsulectomía,
la capsulorrafia y el cambio de prótesis o de su emplazamiento.
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Imagen 11 Complicaciones provocadas
por la cápsula. 1. Formación normal de la cápsula alrededor
de la prótesis: G: Glándula; M: Músculo; C: Cápsula;
PR: Prótesis; PC: parrilla costal. 2. Contractura capsular grado IV
de Baker con deformidad de la mama. 3. Contractura capsular inferior con elevación
del surco y descenso del CAP. 4. Deslizamiento inferior de la prótesis
por laxitud de la cápsula
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Contractura capsular: La contractura capsular es la
principal complicación de los implantes mamarios (imagen 12). Ante tal
posibilidad nosotros hemos establecido unas pautas de actuación que dependerán,
en primer lugar, de la localización de la prótesis (11) y, secundariamente,
del tipo de prótesis.
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Imagen 12 Contractura capsular. A:
25 años. Contractura capsular grado IV con elevación del surco y
descenso del CAP. Capsulotomía inferior y cambio de prótesis 300-300
por 450-450. B. Paciente de 45 años sometida a mamoplastia de aumento
hace 4 años (200-200) y presenta contractura capsular con ptosis. Realizamos
capsulotomía bilateral y mastopexia en T invertida.
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Si la colocación ha sido realizada en el plano subglandular
aconsejamos la recolocación de las prótesis en el plano submuscular,
el elegido habitualmente por nosotros. Si ya se encuentran en esta ubicación
la contractura capsular severa no es frecuente y suele localizarse en las áreas
interna, externa y, principalmente, en el polo inferior (zona con posición
subcutánea de la prótesis). Cuando afecta a éste se produce
una elevación del surco y el descenso del CAP. Por el contrario, si la
contractura se localiza en el polo lateral de la mama la prótesis adquiere
una posición medial y se lateraliza el CAP.
Para la prevención y tratamiento de la contractura capsular
seguimos las siguientes pautas:
La inclusión de implantes mamarios lisos exige la realización
en los primeros meses de masajes profilácticos. Si los masajes han
sido inútiles recomendamos añadir a los mismos ultrasonidos en las
áreas de fibrosis y tomar vitamina E entre 800 y 1.200 UI. Cuando afecta
al polo inferior recomendamos no utilizar sujetador para evitar que la presión
del mismo ocasione el cierre inadecuado de la cápsula.
Si esto tampoco fuera suficiente para resolver el endurecimiento
proponemos la capsulotomía abierta. Bajo anestesia local -con o sin sedación-
realizamos una pequeña incisión en el surco submamario y mediante
endoscopia procedemos a seccionar la cápsula de manera que la prótesis
vuelva a su lugar. En estos casos dejamos un dreno que nos sirve para evitar el
acúmulo de sangre o serosidades y, antes de ser retirado, para inyectar
una solución de vitamina E, triancinolona y gentamicina que inhiben la
formación de la cápsula. A esto añadimos vitamina E oral
durante tres meses.
Cuando la cápsula es muy importante (Grado III y
IV de Baker) puede ser necesario llevar a cabo una capsulectomía. En la
contractura capsular repetida utilizamos las prótesis revestidas de poliuretano
cuyo índice de contractura es mínimo.
Laxitud capsular (bottoming out): Contrariamente a lo
que ocurre en la contractura capsular la formación de una cápsula
muy fina provocará la incapacidad de la misma de soportar el peso de la
prótesis por lo que esta tenderá a caer verticalmente y deslizarse
lateralmente. La posición baja de la prótesis causa malposición
de la glándula mamaria –que presentará exceso de polo inferior-
y el desplazamiento en dirección contraria del CAP que adquiere una posición
excesivamente alta (imagen 13A).
Para su prevención -cuando en la primera semana de post-operatorio
observamos una leve caída de la prótesis recomendamos utilizar sujetadores
que definan el surco y ejerzan cierta presión. Su tratamiento, por otra
parte, requiere la realización de una capsulotomía abierta de manera
que se cree un área cruenta para proceder, seguidamente, a la capsulorrafia
con hilo irreabsorvible de manera que mantenga a la prótesis en la posición
correcta.
Sinmastia: Es la pérdida del surco intermamario
provocada por el desplazamiento medial de las prótesis (imagen 13B) y normalmente
se debe a un excesivo despegamiento en la zona esternal a la hora de confeccionar
el bolsillo. Para solucionar esta situación recurrimos a la capsulectomía
medial abierta seguida de capsulorrafia.
Doble surco (double dubble o snoopy effect): Es una
alteración de la forma de la mama provocada por una situación bicompartimental
en la que las prótesis en posición submuscular marcan el surco inferior
mientras que la caída de la glándula origina un nuevo surco.
Aunque esto puede ocurrir debido a retracciones cicatriciales
a nivel del surco (imagen 13C) normalmente aparece en pacientes con ptosis moderada
o importante que rechazan una mastopexia, en los implantes de larga duración
por una ptosis posterior de la mama y en los casos de embarazo en pacientes con
prótesis submusculares y cobertura cutánea fina. En esta última
situación el aumento glandular provoca un exceso de peso que repercutirá
sobre la piel que acaba cediendo y provocando el doble surco.
También surgirrá esta alteración en aquellas
situaciones en las que exista una disociación entre el diámetro
de la prótesis y el de la base de la mama. En estos casos el primitivo
surco o el polo inferior de la mama pueden no tener suficiente elasticidad como
para acomodarse a la nueva dimensión o arco de una prótesis con
excesivo diámetro. Algo similar sucede cuando se produce un descenso exagerado
del nuevo surco inframamario en pacientes con polo inferior insuficiente o inelástico.
En estos casos puede ser necesario cambiar la prótesis por una menor, elevar
el surco o provocar una distensión del polo inferior mediante incisiones
de relajamiento sobre la glándula.
Si existe ptosis deberemos realizar una mastopexia adaptando
la cobertura cutánea a las nuevas dimensiones de la mama.
La fuga o ruptura del implante relleno de gel de silicona
ha dejado de ser un problema importante desde la aparición en el mercado
de las prótesis de gel cohesivo. No obstante, todavía deberemos
enfrentarnos durante años con pacientes portadoras de prótesis convencionales
de silicona.
La ruptura del implante puede ser intracapsular, normalmente
debido al desgaste provocado por los años, o extracapsular, causadas por
traumatismo, capsulotomías cerradas, etc. En el primer caso puede permanecer
asintomático durante años mientras que en el segundo aparecerá
una reacción inflamatoria alrededor del material que ha salido (siliconoma)
que es necesario retirar cuanto antes para evitar mayores desplazamientos. En
la ruptura intracapsular el diagnóstico es más difícil y
suele confirmarse mediante resonancia magnética. Si se trata de una prótesis
de suero salino, el diagnóstico es evidente y su corrección solo
supone el cambio de la prótesis.
Respecto al polémico tema del cambio de las prótesis,
desde nuestro punto de vista es recomendable prevenir la ruptura de las mismas
por desgaste de su superficie. Esta es una intervención rápida y
sencilla que puede ser realizada simplemente con anestesia local y no necesita
cuidados especiales en el postoperatorio. Sin embargo, si la prótesis se
rompe su contenido de gel de silicona queda en contacto con la cápsula
y esto puede provocar contractura capsular severa e incluso facilitar la ruptura
de la misma cápsula y la salida del gel de silicona a los tejidos circundantes.
En este caso, cuando la membrana de silicona de la prótesis se ha roto
el tratamiento será bastante más complejo y consistirá en
la retirada de toda la cápsula con su contenido.
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