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Autores de esta publicación:
Dr. Pedro Arquero Cirujano Plástico. Doctor
en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro
de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y
Estética.
Dr. Jorge Barros Cirujano
plástico Ayudante quirúrgico de la Clínica Dr. Arquero
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Su historia comienza a finales del siglo diecinueve (1, 2). Demars y
Marx, en 1890, realizan la primera dermolipectomia abdominal de la que
tenemos referencia mientras que Kelly, en Baltimore, describe en 1899 un
procedimiento llamado lipectomia abdominal transversa. En 1905 Gaudet y
Morestin presentan la lipectomia abdominal transversa superior en el Congreso
Francés de Cirujanos. Inicialmente esta operación fue combinada
con intervenciones correctoras de hernias abdominales y solo a partir de 1910
comienza a ser concebida como procedimiento meramente estético.
Las primeras variaciones a las incisión transversa superior aparecen
en Alemania en 1909. Desjardin lleva a cabo una lipectomia abdominal vertical
con excisión de 22,4 Kgs. y, en ese mismo año, Morestin presenta
una serie de cinco pacientes a quienes se les realizaron lipectomias abdominales
masivas a través de una incisión transversa similar a la reportada
por Kelly el año anterior. Un poco más tarde, en 1912, Jolly
describirá la lipectomía abdominal transversa inferior.
El primero en corregir la laxitud de la pared musculoaponeurótica fue
Babcock, en 1916 y no es hasta 1957 cuando Vernon combina la incisión
transversa con el refuerzo de la pared abdominal y la transposición del
ombligo. La incisión transversa para lipectomias abdominales extendidas
en forma circular por la cintura fue descrita inicialmente por Somalo en
1940 y popularizada por Gonzalez-Ulloa (3) en 1959.
Pitanguy (4) describe su técnica en 1967. Esta consistiría
en la disección del colgajo dermograso hasta los rebordes costales y apófisis
xifoides, umbilicoplastia transversal, aproximación de la aponeurosis de
los músculos rectos abdominales, realización en el mismo acto quirúrgico
de cirugía de la mama y uso postoperatorio de una faja compresiva.
En 1972 Regnault (5) publica la dermolipectomia abdominal en "W"
y Grazer (6) en 1973 reporta 44 casos realizados con una incisión
que se incluye en la línea del biquini.
La minidermolipectomia abdominal, que se limitaba a corregir pequeños
acúmulos de grasa y piel infraumbilical, fue introducida por Elbaz
y Flageul en 1971 y, posteriormente, modificada por Glicenstein
(7) en 1975. Este original procedimiento no logró ser popular hasta la
introducción, en 1980, de la liposucción en el tratamiento del contorno
corporal. Teimourian y Fisher (8) en 1981 vuelven a recuperar dicha
técnica.
Finalmente, la incorporación de la endoscopia (10, 11) ha permitido
la resolución, con mínimas incisiones, de algunos casos que presentan
únicamente diastasis de los rectos abdominales.
TÉCNICAS DE DERMOLIPECTOMÍA ABDOMINAL
Muchas son las técnicas ideadas para la dermolipectomía abdominal
y, sin duda, cada una tiene sus indicaciones. La elección de cada una de
ellas estará condicionada por el tipo de estructura del paciente y por
las características y alteraciones que presenta cada abdomen. Las más
frecuentemente empleadas son aquellas que dejan una cicatriz transversa inferior
a nivel de la región suprapúbica (abdominoplastia clásica).
Otras variantes de interés son la abdominoplastia vertical (12) – de utilidad
cuando existen cicatrices en la línea media- y la abdominoplastia invertida
que deja una cicatriz horizontal en la región submamaria. Esta última
puede ser empleada cuando existen cicatrices en esa zona o cuando, habiendo flacidez
en el abdomen superior, se quiere utilizar el exceso de piel para la reconstrucción
mamaria.
Por otra parte, la resección dermograsa puede ser llevada a cabo directamente
en bloque antes del despegamiento del colgajo supraumbilical o bien, como preconiza
Pitanguy (13), una vez realizado el despegamiento. En este caso se procede
a la marcación del tejido excedente antes de su resección, lo cual
nos permitirá - cuando la flacidez cutánea supraumbilical no es
suficiente como para efectuar un cierre sin tensión – optar por dejar una
cicatriz en T o una pequeña cicatriz infraumbilical consecuencia del cierre
del orificio dejado previamente al liberar la cicatriz umbilical.
ABDOMINOPLASTIA: INDICACIONES y CONTRAINDICACIONES
Las indicaciones más importantes de la dermolipectomía abdominal
son la flacidez cutánea, la lipodistrofia supra o infraumbilical y la diastasis
de los músculos rectos abdominales o hernias de la pared abdominal. Otras
indicaciones menos frecuentes son las que procuran el tratamiento de las secuelas
de la pared abdominal (quemaduras, cirugías, tumores o infecciones) o enfermedades
cutáneas (cutis laxa, pseudo-xantoma elástico, etc.). Actualmente
ha aumentado de manera considerable el número de pacientes sometidos a
tratamiento quirúrgico de la obesidad mórbida los cuales son, también,
excelentes candidatos a esta operación.
Son contraindicaciones de esta cirugía las alteraciones metabólicas,
cardiovasculares, pulmonares y de la coagulación; las infecciones, las
neoplasias, los procesos inflamatorios y vasculares locales y, más frecuentemente,
la presencia de un embarazo o la posibilidad del mismo.
CLASIFICACIÓN
DE LAS ALTERACIONES ABDOMINALES
Con la finalidad de sistematizar los tratamientos de las alteraciones abdominales
se han desarrollado múltiples clasificaciones basadas en las características
de la piel, en el estado de las estructuras músculo-aponeuróticas,
en el grosor del panículo adiposo, en la posición del ombligo o
en la patología añadida de la pared abdominal.
La clasificación de Elbaz y Flageul (2), que comprende
todas las variables, es, sin duda, una de las más completas y tiene un
marcado carácter descriptivo.
Con la introducción de la liposucción y la reutilización
de la minidermolipectomia abdominal se idearon nuevas clasificaciones para la
selección del tratamiento como las de Avelar (14), Souza Pintos
(15), Bozola y Psillakis (16), Matarasso (17) y, recientemente,
Nahas (18).
Nosotros preferimos, sin embargo, dividir a las pacientes en tres categorías
dependiendo de su situación ponderal (A, B) o de las alteraciones patológicas
de la pared abdominal que condicionen la técnica a utilizar (C)
Así, dentro de la categoría A se encuentran las pacientes delgadas
o con peso adecuado que presentan flacidez cutánea o exceso de piel, normalmente
debidas a embarazos voluminosos, a una flacidez congénita o a un adelgazamiento
importante.
Para nosotros, lo que determina principalmente la elección de la técnica
es la flacidez o laxitud cutánea que dividimos en leve, moderada, importante
o muy importante (Tabla I).
| Categorías |
Grupos |
Flacidez
cutánea |
Ombligo |
Lipodistrofia
Abd. |
Laxitud
pared |
Tratamiento
propuesto |
| A. Delgadas
- Nomales |
0 |
No |
|
Leve
o moderada |
No |
Liposucción |
 |
|
I |
No
|
|
Ausente
o Leve |
Sí |
Apl.
Endosópica + AMRA |
|
|
No |
|
Moderada |
Sí |
Apl.
Endosópica + AMRA + Liposucción |
 |
|
II
|
Leve
|
|
Ausente
o leve |
No |
Apl.
Ct. R. |
|
|
Leve |
|
Ausente
o leve |
Sí |
Apl.
Ct. R + AMRA |
|
|
Leve |
|
Moderada |
Sí |
Apl.
Ct. R + AMRA+ Liposucción |
 |
|
III |
Moderada |
Alto |
|
Sí |
Apl.
Clásica en T + AMRA |
|
|
Moderada |
Normal |
|
Sí |
Apl.
Clásica + AMRA |
 |
|
IV |
Importante |
|
|
Sí |
Apl.
Clásica + AMRA |
|
|
Importante |
|
Importante |
Sí |
Apl.
Clásica + AMRA + Lipectomía |
 |
|
V |
Muy
importate |
|
|
Sí |
Apl.
Clásica extendida + AMRA |
|
|
Muy
importante |
|
|
Sí |
Apl.
Circunferencial + AMRA |
 |
| B. Sobrepeso
- Obesidad |
VI |
Muy
importante |
|
Muy
importante |
Sí |
Apl.
Clás. extendida + AMRA+ Lipectomía |
|
|
Muy
importante |
|
Muy
importante |
Sí |
Apl.
Circunferencial + AMRA+ Lipectomía |
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| C. Cicatrices,
hernias y eventraciones |
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Apl.
Vertical o Apl. Invertida |
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Tabla I.
Clasificación de las alteraciones abdominales según el Grado de
Flacidez Cutánea e indicación del tipo de tratamiento. Categorías:
según el estado ponderal y la patología de la pared abdominal Grupos:
según el grado de Flacidez cutánea Apl: Abdominoplastia Apl.
Ct. R: Abdominoplastia con cicatriz reducida o minoabdominoplastia AMRA:
Aproximación de los Músculos Rectos Abdominales
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Salvo en el Grupo 0 -que presentan únicamente lipodistrofia abdominal,
son normalmente nulíparas y cuyo tratamiento se reducirá a liposucción-
prácticamente en casi todos los demás grupos realizamos de rutina
la aproximación, en mayor o menor medida, de los músculos rectos
abdominales. Si no existe flacidez cutánea y solo presenta laxitud de la
pared muscular (Grupo I) el tratamiento de elección es una abdominoplastia
endoscópica que, si esta acompañada de lipodistrofia leve abdominal,
asociaríamos a liposucción.
Si la flacidez cutánea es leve (Grupo II) el tratamiento consistirá
en una dermolipectomía con cicatriz reducida (mini-abdominoplastia) que
asociaremos, si necesario, con liposucción. En estos caso preferimos no
despegar el colgajo abdominal superior o hacerlo muy discretamente.
Cuando el exceso de piel es moderado (Grupo III) la posición del ombligo
o la flacidez cutánea supraumbilical pueden determinar la elección
de una técnica u otra. Si aquel se encuentra en una posición elevada
o no existe suficiente piel nos veremos obligados a dejar una cicatriz en T o
una cicatriz vertical mínima entre el nuevo ombligo y el pubis. En caso
contrario utilizaremos la técnica clásica (Fig.1 y 2).
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| Fig.
1.- Paciente de 36 años
de edad con peso dentro de la normalidad. Presenta secuelas de liposucción
previa en el abdomen inferior, flacidez cutánea moderada (Grupo III), descenso
del ombligo y lipodistrofia abdominal leve. Fue realizada una abdominoplastia
clásica con cicatriz en W o en forma de gaviota. |
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Fig.
2.- Paciente de 41 años
de edad con peso dentro de la normalidad. Presenta cicatriz mediana infraumbilical
y leve abdomen en mandil por exceso de piel en la región suprapúbica:
flacidez cutánea moderada (Grupo III), lipodistrofia abdominal moderada
y escoliosis. Fue realizada una abdominoplastia clásica con cicatriz en
forma de gaviota |
En pacientes con importante flacidez de piel (Grupo IV) indicamos una abdominoplastia
convencional (Fig. 3 y 4) que extenderemos lateralmente lo necesario en los casos
con flacidez muy importante (Grupo V) llegando, incluso, a realizar una abdominoplastia
circunferencial.
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Fig.
3.- Paciente de 28 años
de edad con sobrepeso. Presenta flacidez cutánea importante superior e
inferior (Grupo IV), ombligo bajo, diastasis de los rectos abdominales muy importante
y lipodistrofia abdominal con predominio superior. Fue realizada una abdominoplastia
clásica con cicatriz en forma de gaviota y reducción mamaria y,
en un segundo tiempo, lipoescultura andominal y de miembros inferiores
|
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Fig.
4.- Paciente de 52 años
de edad con sobrepeso. Presenta flacidez cutánea importante superior e
inferior (Grupo IV), descenso del ombligo, gran distensión abdominal por
diastasis de los rectos abdominales muy importante y lipodistrofia abdominal moderada.
Fue realizada una abdominoplastia clásica con cicatriz en forma de gaviota. |
En la categoría B incluimos aquellos pacientes que presentan sobrepeso
o una clara obesidad (Grupo VI). Sus condiciones generales excluyen, en principio,
la intervención quirúrgica y han de ser tratados por un endocrino
para descartar diabetes o trastornos de la glándula tiroides, o por un
equipo de adelagazmiento en el que consideramos importante incluir un psicólogo.
Una vez descartada patología asociada y con la finalidad de mejorar las
condiciones de vida solemos proponer el tratamiento quirúrgico en dos tiempos:
inicialmente, una abdominoplastia convencional, extendida o circunferencial (Fig.
5) y, a los seis meses como mínimo, una liposucción.
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| Fig. 5.- Paciente
de 36 años de edad. Presenta deformidad corporal por obesidad generalizada
con abdomen en mandil por exceso cutáneo muy importante (Grupo VI) para
cuya corrección recurrimos a una abdominoplastia circunferencial o en cinturón
en un primer tiempo y a una dermolipectomía femoro-glútea en un
segundo tiempo. |
Finalmente, introducimos una tercera categoría (categoría C)
integrado por pacientes portadores de patología de la pared abdominal como
cicatrices, eventraciones o hernias que nos llevarán a optar por otras
técnicas menos frecuentes.
PREPARACIÓN PREOPERATORIA
Como en la preparación de toda cirugía es necesario realizar
una exploración completa para descartar cualquier tipo de patología
que pudiera contraindicar el acto quirúrgico.
Debe prestarse especial atención a la existencia de cicatrices en la
pared abdominal -que pueden comprometer la circulación del colgajo- y a
la presencia de hernias que deberán ser tratadas simultáneamente
en el mismo acto quirúrgico.
En los pacientes obesos (Categoría B) se recomienda, siempre que sea
posible, el adelgazamiento previo. En caso de que éste fracase y nos propongamos
realizar la intervención les aconsejaremos, durante, al menos, una semana
antes de la operación, efectuar ejercicios respiratorios y la colocación
sobre el abdomen de sacos de arena progresivamente más pesados.
Debido a la gran extensión del despegamiento y a las dimensiones del
colgajo que normalmente se practica en este tipo de intervenciones es importante
que los pacientes fumadores dejen de hacerlo durante unas dos o tres semanas antes
de la cirugía y dos semanas después. La razón de esto es
que el tabaco ocasiona una alteración de la microcirculación que
puede comprometer seriamente el resultado final. (19-20). Igualmente, durante
el mismo tiempo no deberán tomar aspirinas u otros medicamentos que contengan
salicilatos, analgésicos no esteroideos o compuestos con vitamina E.
Es todos los casos es recomendable la utilización de heparina de bajo
peso molecular principalmente si el paciente o la paciente tiene riesgo alto de
trombosis venosa profunda por varices importantes, obesidad, antecedentes de tromboembolismo
o hace uso de anticonceptivos orales. Durante la operación utilizamos un
vendaje compresivo en las extremidades inferiores con venda de crepe o medias
de compresión.
ABDOMINOPLASTIA CONVENCIONAL: TÉCNICA QUIRÚRGICA
La operación clásica consiste en la resección de un segmento
de piel y grasa abdominal al mismo tiempo que se restaura la tensión normal
de la pared muscular. Los pasos que seguimos son los siguientes:
-
MARCACIÓN: Realizamos la primera marcación del tejido
a resecar en bipedestación. Las referencias utilizadas son la línea
media, las espinas ilíacas anteriores y la línea de incisión
escogida. Debemos prestar atención a la existencia de asimetría
abdominal -más frecuente en las pacientes multíparas– o a la posición
lateralizada del ombligo -en especial en las pacientes a quienes se les realizó
algún procedimiento laparoscópico. La línea media es la marca
más importante para detectar estas asimetrías.
Una vez en quirófano y con la paciente en decúbito supino verificamos
la idoneidad de la marcación previamente realizada. En primer lugar, colocamos
dos puntos de referencia, uno sobre la apófisis xifoides y otro en la línea
media del pubis. A continuación marcamos una vertical entre ellos que ha
de pasar en el punto medio del ombligo. Dibujamos, entonces, una línea
en arco siguiendo el pliegue suprapúbico - justo encima del nacimiento
del vello púbico- cuyos extremos extenderemos por los pliegues inguinales
hasta el punto de proyección de las crestas ilíacas. Es importante
estirar con la mano la piel en sentido ascendente de manera que reproduzcamos
la tensión de la cicatriz después de la cirugía (esta incisión
puede acomodarse al tipo de bikini que utilice la paciente). Seguidamente colocamos
la mano debajo del ombligo y efectuamos un movimiento giratorio de izquierda a
derecha dibujando, con el palito o con el rotulador, un arco que se emplaza inmediatamente
por encima de la cicatriz umbilical y tiene un diámetro equivalente, o
un poco mayor, al efectuado en la región suprapúbica. Por último,
unimos los extremos de este arco con las dos líneas dibujadas anteriormente,
aquellas que partían de los extremos del arco suprapúbico y finalizaban
a la altura de las espinas ilíacas anteriores. (Fig. 6)
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Fig. 6.- Las dos
técnicas más importantes de dermolipectomía abdominal. A,
B: Abdominoplastia con cicatriz reducida (Mini-abdominoplastia). C, D: Abdominoplastia
clásica con cicatriz en forma de gaviota. En azul: zona de piel y grasa
a ser resecada. En rojo: la cicatriz resultante. En rosa: El despegamiento de
la piel y tejido celular subcutáneo.
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Cuando, como en nuestro proceder, la resección se realiza previamente
al despegamiento del abdomen superior es de suma importancia comprobar que la
cantidad de piel que nos proponemos retirar no vaya a crear problemas de tensión
a la hora de cerrar la herida quirúrgica. En caso de dudas es preferible
dejar una franja de piel y tejido celular subcutáneo de seguridad por encima
de la línea suprapúbica que, de no ser necesaria, podrá eliminarse
posteriormente. Otra opción será dejar una cicatriz en T invertida.
-
INCISIÓN: Con un bisturí de lámina quince realizamos
la incisión cutánea dibujada previamente procurando dejar, en toda
la extensión de la cicatriz, un centímetro aproximadamente de dermis
lo cual contribuye a disminuir el sufrimiento cutáneo de los bordes de
la misma. Esta incisión es oblicua ascendente en la zona del vello suprapúbico
para respetar los bulbos pilosos.
El tejido celular subcutáneo es seccionado oblicuamente en la región
suprapúbica e inguinal (con la finalidad de preservar al máximo
la circulación linfática) mientras que en el borde del colgajo seguirá
una dirección ligeramente oblicua hacia fuera hasta llegar a la fascia
superficial y perpendicular por debajo de ésta. En ocasiones, aunque es
preferible evitarlo, podemos realizar una lipectomía a este nivel respetando
al máximo la circulación fascial.
-
HEMOSTASIA: Consideramos fundamental realizar una hemostasia rigurosa.
Con una técnica delicada y la adecuada coordinación del equipo quirúrgico
podemos localizar y cauterizar los importantes vasos abdominales antes de seccionarlos
evitando pérdidas innecesarias de sangre que benefician la viabilidad del
colgajo y la recuperación post-operatoria del paciente. Para facilitar
la misma es conveniente dejar una fina capa de tejido celular subcutáneo
sobre la aponeurosis de los rectos abdominales, disecar cuidadosamente mediante
divulsión con tijera o con ayuda de los dedos y cauterizar los dos extremos
del vaso que será posteriormente seccionado.
-
DESPEGAMIENTO: En primer lugar realizamos el despegamiento del colgajo
infraumbilical con un bisturí de lámina 22 o 24 y con la ayuda de
los dedos. Este despegamiento se lleva a cabo con facilidad y nos permite una
mejor hemostasia. Una vez que llegamos al ombligo dividimos el colgamos por la
mitad y colocamos en los extremos de cada lado 2 pinzas de Kocher.
La individualización de la cicatriz umbilical debe preservar una cierta
cantidad de grasa para mantener una adecuada circulación sanguínea.
Esta región periumbilical es la que posee la mayor concentración
de grandes vasos y donde deberemos extremar nuestros cuidados para evitar pérdidas
sanguíneas.
Por encima del ombligo nos encontramos en la línea media una zona de
difícil despegamiento que preferimos realizar con bisturí, mientras
que, lateralmente, lo solemos efectuar con tijeras de Mayo curvas, de Metzembaum
o mediante presión digital.
Consideramos de la mayor importancia respetar al máximo la vascularización
del colgajo dermograso abdominal. En principio, la extensión el despegamiento
supraumbilical lo limitamos al mínimo necesario que nos permita la aproximación
de la aponeurosis de la musculatura abdominal. Posteriormente, una vez realizada
ésta, ampliaremos el despegamiento lo suficiente como para permitir la
adecuada adaptación del colgajo al tiempo que liberamos los pedículos
que ocasionan retracciones.
-
APROXIMACIÓN DE LOS BORDES MEDIALES DE LA APONEUROSIS DE LOS MÚSCULOS
RECTOS ABDOMINALES: Utilizamos puntos dobles, separados y con el nudo enterrado
de mono-nylon o prolene 2/0 y 3/0. El primer punto lo damos inmediatamente por
debajo de la cicatriz umbilical y, a continuación, proseguimos ascendentemente
desde inmediatamente encima del ombligo hasta la apófisis xifoides. Una
vez realizada la aproximación de la musculatura supraumbilical procedemos
a la plicatura infraumbilical desde el ombligo hasta el pubis. Deberemos constatar
la tensión que dejamos. Si la paciente esta bajo anestesia epidural es
más fácil controlar la presión que ejercemos con la aproximación
muscular mientras que si esta bajo anestesia general deberemos tener más
cuidado.
En mujeres debemos evitar dejar un abdomen plano, sin las curvas normales del
abdomen femenino para lo cual, en ocasiones, puede ser de utilidad la plicatura
paramediana de los músculos oblicuos (16, 18 ),. Finalmente damos unos
puntos de fijación del ombligo a la pared aponeurótica.
-
TRACCIÓN Y PUNTOS DE REPARTICIÓN: Una vez finalizada la
plicatura y revisada la hemostasia damos unos puntos de referencia que reparten
el colgajo sobre la línea de incisión suprapúbica e inguinal.
En este momento solicitamos la flexión de la mesa quirúrgica elevando
el tronco y flexionando las piernas del paciente sobre la pelvis –que disminuye
cualquier tensión en el colgajo- y marcamos la nueva posición del
ombligo y la de los puntos de repartición.
-
ONFALOPLASTIA: Liberado de nuevo el colgajo dibujamos la incisión
o resección cutánea que vayamos a efectuar para dar salida al ombligo
en la posición previamente señalada. De las diversas técnicas
para onfaloplastia (13, 14): circular, semicircular, elíptica, cuadrangular,
lineal vertical u horizontal, en cruz, U, T, V, Y, etc. nosotros utilizamos la
cicatriz en V invertida que evita una línea cicatricial evidente en el
borde inferior del ombligo e impide la retracción circular de la misma.
Seguidamente realizamos una lipectomía periumbilical y, antes de cerrar,
damos cuatro puntos con mono-nylon 3/0 que entran por el borde cutáneo
del ombligo, se anclan en la aponeurosis y se exteriorizan a través de
la incisión umbilical.
-
SUTURA DE LA CICATRIZ ABDOMINAL Y UMBILICAL: Finalmente, damos los puntos
de repartición antes marcados, colocamos los drenos al vacío y procedemos
a la sutura por planos del colgajo y del ombligo.
-
APÓSITO: Al concluir la operación cubrimos las heridas
con gasa furacinada y compresas. Sobre éstas colocamos una pequeña
férula de yeso con forma romboidal (4) que no debe alcanzar los relieves
óseos (reborde costal y crestas ilíacas) y que favorece la compresión
homogénea sobre el colgajo, evita el espacio muerto, el acúmulo
de sangre y la formación de pliegues en el colgajo cutáneo. Finalmente,
aplicamos un vendaje levemente compresivo.
CUIDADOS POSTOPERATORIOS
En el postoperatorio inmediato el paciente es colocado en una cama con el dorso
elevado, las rodillas flexionadas y las piernas ligeramente elevadas (posición
de semi-Fowler) para evitar tensión sobre el colgajo y la sutura. Se aconseja
realizar movimientos con los pies y con las piernas, 24 horas de reposo absoluto
y deambulación asistida al día siguiente a la intervención
evitando la extensión completa del cuerpo. Levantamos el apósito
a las 24 horas (para observar el estado del colgajo y movilizar los drenos) y
lo retiramos a las 48 horas, momento en el que colocaremos una faja. Se recomienda
su uso durante las primeras ocho semanas, tanto de día como de noche, pudiendo
retirarla por breves períodos de tiempo para aliviar la sensación
constante de presión.
Pautamos de rutina analgésico y antibióticos. El dolor postoperatorio
normalmente es moderado y bien controlado con analgésicos. La dieta líquida
se inicia tan pronto es tolerada.
COMPLICACIONES Y SECUELAS
Como en toda intervención quirúrgica de características
estéticas las complicaciones no son frecuentes, sin embargo, es necesario
que el paciente que vaya a ser sometido a una dermolipectomía abdominal
conozca claramente los riesgos que esta conlleva.
Los hematomas y seromas ocupan el primer lugar dentro de las complicaciones
de la abdominoplastia. Si se produce un gran hematoma el tratamiento es el
drenaje y la revisión de la hemostasia. Los seromas generalmente son diagnosticados
en la primera visita al consultorio y su tratamiento consistirá en el drenaje
por punción y la presión mantenida, repitiendo la aspiración
tantas veces como sea necesario.
La necrosis y sufrimiento cutáneo, aunque poco comunes, suelen ser complicaciones
graves que aparecen cuando la circulación, tanto arterial como venosa,
está comprometida.
Son más frecuentes en pacientes fumadores (19, 20), obesos y diabéticos
y las causas más importantes son, la presencia de cicatrices, la tensión
excesiva o la destrucción vascular por liposucción del colgajo y
la presencia de infección o de un hematoma no diagnosticado. Este último
provoca sufrimiento tisular no solo por el aumento de presión sino, y principalmente,
por los efectos tóxicos del mismo sobre el colgajo. Una epidermólisis
superficial no es infrecuente en el borde superior de la herida, especialmente,
en su parte media.
El tratamiento varía dependiendo de la causa y gravedad de la situación:
habitualmente utilizamos en la primera fase pomada antibiótica hasta que
se define la lesión y, una vez establecida, procederemos a realizar escarectomías
seriadas para mantener limpia la herida, favorecer el proceso de granulación
y esperar su epitelización. Las resecciones de las cicatrices deben esperar
meses para evitar la fase de actividad de la cicatrización.
La infección no es habitual y suele estar relacionada con hematomas
no drenados, con una preparación inadecuada del ombligo o con la asociación,
en el mismo acto operatorio, de otros procedimientos abdominopélvicos o
estéticos. En una revisión retrospectiva de 10.490 dermolipectomias
realizadas por 958 cirujanos, Grazer y Goldwyn (21) en 1977 encontraron una incidencia
de infección de 7,3%. Estas infecciones fueron causadas, principalmente,
por Stafilococos, Streptococos, Escherichia coli y Pseudomona. Todas las infecciones
fueron menores y respondieron al uso de antibióticos y drenaje.
Tromboflebitis y embolismo pulmonar (22, 23): el tromboembolismo pulmonar es
la complicación más temida de la dermolipectomia. Además
del riesgo inherente a cualquier intervención quirúrgica, esta operación
añade dos condiciones que contribuyen a su aparición: el aumento
de la presión intra abdominal y la disminución del retorno venoso
de las extremidades durante la intervención y después de ella. En
el estudio retrospectivo de Grazer y Godwyn en 1977, la incidencia de trombosis
venosa profunda fue de 1,1 %. El embolismo pulmonar fue reportado en 0,8% de los
pacientes, con seis muertes. De acuerdo con el estudio de Hester (24) y col. en
1988 la obesidad fue claramente identificada como factor de riesgo para el desarrollo
del embolismo pulmonar.
Las secuelas más habituales y, por ventura, de más fácil
corrección son las alteraciones de la cicatriz abdominal (dehiscencia,
cicatrices hipertróficas y queloides); los defectos en la cicatriz umbilical
(malposición, cierre por contracción cicatricial, agrandamiento
del ombligo, etc.) y las adiposidades o piel remanescentes en los extremos de
la cicatriz, más conocidas como orejas de perro.
CONCLUSIONES
La abdominoplastia o dermolipectomía abdominal es una de las intervenciones
estéticas que más inquietan al cirujano plástico por las
grandes dimensiones de la cicatriz resultante y, al mismo tiempo, es una de las
que más satisfacen a los o las pacientes por el cambio importante que determinan
en su morfología.
Con la aparición de la liposucción y, más tarde, de la
endoscopia se han incrementado de manera considerable las posibilidades terapéuticas
y mejorado los resultados. No obstante, siendo una operación con un relativo
grado de morbilidad no creemos recomendable la asociación de rutina con
otros procedimientos, principalmente ginecológicos y liposucción
abdominal aunque, sin embargo, si creemos adecuada la realización simultánea
de mamoplastia que, en caso de grandes volúmenes, tendremos reservada,
previamente, sangre de la misma paciente que utilizaremos para autohemotransfusión.
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Referencias bibliográficas |
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