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| Un injerto consiste en extraer tejido de una parte del cuerpo y trasladarlo a otra. En estas fotografías podemos observar el resultado, después de un año, del injertos de grasa en los carrillos (región geniana) para suavizar las facciones. |
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En la cirugía del rejuvenecimiento facial
los injertos que se realizan con más frecuencia son los de
tejidos blandos: SMAS, grasa, fascia y aponeurosis temporal.
Su finalidad es contrarrestar la atrofia tisular propia de la involución
senil y para ello siempre preferimos los tejidos propios a los implantes: solemos
utilizar como injerto el material resecado en otras zonas que nos sirven de donantes.
El injerto de SMAS, fascia y/o aponeurosis temporal se reabsorben mínimamente
pero puede provocar irregularidades, especialmente en el labio, por la retracción
cicatricial.
Los injertos de grasa son muy eficaces en aquellas zonas que no están
sometidas a movimientos ni tensión. Por la gran reabsorción que
sufren no son de gran interés en la región perioral ni labios, sin
embargo, si los encontramos de interés en las atrofias faciales. Nosotros
lo hemos utilizado con éxito en la hemiatrofia facial o síndrome
de Romberg. Dado que la reabsorción es muy variable y oscila entre un 40
y un 60 % es necesario plantear la cirugía en varios tiempos quirúrgicos
para conseguir el volumen deseado. La clave del éxito estriba en la inclusión
de la grasa en múltiples túneles finos a diferentes niveles evitando
cúmulos que provocarían la necrosis de su parte central. Recordemos
que los injertos sobreviven cuando su grosor es menor de 1 cm.
Los injertos de piel pueden ser necesarios en caso de ectropio o lagoftalmo
debidos a exceso de resección cutánea. Suele ser piel total del
párpado contralateral o bien piel retroauricular.
En casos de necesidad de relleno y si queremos asegurar su sobrevivencia puede
ser realizado injerto dermograso. Lo hemos utilizado con fortuna en secuelas de
traumatismo facial en labio y en el rellenado de la cavidad orbitaria después
de enucleación bilateral con fijación en la cápsula de Tenon
y en la musculatura extrínseca de los ojos, que permitirá la colocación
de prótesis oculares con cierto grado de movilidad.
Los injertos de cartílago pueden ser útiles en el tratamiento
de la nariz senil y en caso de necesitar marcar las crestas del filtro labial.
Su origen puede ser auricular, nasal, septal y costal; su aplicación se
realiza en una o varias capas directamente o bien después de practicar
en su superficie incisiones de debilitamiento o aplastamiento.
El injerto compuesto condrocutáneo de origen auricular y el condromucoso
septal son de utilidad en la reconstrucción del párpado
inferior y en la reconstrucción nasal pues confieren consistencia
al tiempo que cobertura. El material óseo y ósteocartilaginoso
obtenidos en la rinoplastia podrán ser utilizados para proyectar
la maxila o el mentón. El injerto piloso es utilizado con
éxito en el tratamiento quirúrgico de la alopecia
y en la reconstrucción de las cejas. 
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