Los traumatismos faciales, tanto de las partes blandas como
de las estructuras óseas, representan un capítulo especial en la
cirugía facial por sus graves consecuencias funcionales y emocionales.
Respecto a estas últimas hemos de tener siempre presente la afectación
psicológica que supone el temor a la desfiguración.
La incidencia de los traumatismos faciales es muy alta y afectan,
predominantemente, a pacientes jóvenes del sexo masculino. Su etiología
generalmente es consecuencia de un accidente de tráfico, no obstante, el
empleo del cinturón de seguridad y del casco ha demostrado en numerosos
estudios disminuir su incidencia y gravedad. Otras causas son los accidentes domésticos
y caídas, especialmente en niños y ancianos, las agresiones, los
deportes o juegos, accidentes laborales, quemaduras, mordeduras, armas de fuego
y asta de toro.
- TRATAMIENTO DE URGENCIA DEL PACIENTE TRAUMATIZADO
La existencia de un traumatismo facial en el contexto de un
politraumatizado debe establecer un orden de prioridades denominado el ABC
de la reanimación. El primer objetivo lo constituye valorar y controlar
la permeabilidad de la vía aérea (A: Airway), seguidamente controlar
la hemorragia (B: Blood) y por último proceder al control del estado cardiocirculatorio
o shock (C: Circulation). Una vez controlada la vía aérea, la hemorragia,
el shock y la posibilidad de brocoaspiración, se prestará atención
a lesiones asociadas antes de proceder al tratamiento de las lesiones faciales
propiamente dichas. El traumatismo facial en sí no suele suponer una amenaza
vital, es decir, los pacientes no mueren por lesiones faciales sino por lesiones
asociadas. Alrededor del 25% de los pacientes presentan algún otro tipo
de traumatismo y cerca de un 10% de los traumatismos faciales se acompañan
de lesiones de la médula cervical, siendo difíciles de reconocer
las que se localizan a nivel de C1- C2 y C6 - C7.
A la hora de valorar este tipo de traumatismos es fundamental
el diagnóstico de las fracturas faciales que se realizará, principalmente,
mediante la exploración clínica del paciente prestando especial
atención a las asimetrías y deformidades ocasionadas por el desplazamiento
de los fragmentos óseo (Tabla VII).
TABLA VII. ORDEN DE PRIORIDAD
EN LA VALORACIÓN DE LOS TRAUMATISMOS FACIALES
| A
(Airway) |
Control
de la vía aérea |
| B
(Bleeding) |
Control
de la hemorragia |
| C
(Circulation) |
Control
del shock cardiocirculatorio y nivel de conciencia |
| Valoración
de las posibles lesiones asociadas |
Tórax,
Abdomen, Traumatismo craneoencefálico (TCE), Cervical y Extremidades |
| Exploración
funcional de las lesiones faciales |
Fracturas:
Asimetrías / DeformidadesHematomas Globo ocular: Movimientos / Cuerpos
extrañosPalpebral: Oclusión / AperturaBoca y lengua: Cuerpos extraños
/ Deglución / Habla Nervio Facial: Movilidad de los músculos facialesIntegridad
del conducto de StenonArticulación témporomandibular (ATM) |
Vía aérea: Por orden de prioridad,
la vía aérea es lo primero que puede comprometer la vida del paciente.
La obstrucción respiratoria puede estar provocada por la caída de
la lengua hacia atrás (fractura de mandíbula), por sangrado dentro
de la cavidad oral o de la orofaringe, por vómitos, dientes desprendidos,
prótesis dentales u otros cuerpos extraños, o por fracturas del
macizo del tercio medio facial o bilaterales de la mandíbula.
En el examen oral retiraremos los cuerpos extraños,
prótesis o fragmentos de dientes y aspiraremos el contenido de la faringe.
La posición idónea es el decúbito lateral izquierdo para
evitar la broncoaspiración y la glosoptosis (frecuente en las fracturas
mandibulares). Una vez retirados los cuerpos extraños, si la vía
aérea no se mantiene permeable, será necesario la intubación
inmediata o, si es imposible o difícil por traumatismo maxilofacial severo,
se ha de recurrir a la cricotiroidectomía o traqueostomía de urgencia.
Permeable la vía aérea hemos de comprobar los ruidos respiratorios.
En el caso de que el enfermo no ventile se iniciarán las maniobras de resucitación
cardiopulmonar.
Control de la hemorragia y del shock: El cese
de la hemorragia copiosa con la valoración del nivel de conciencia será
nuestra segunda prioridad. Las hemorragias en la cara generalmente ceden con la
compresión digital, gasas, vendaje compresivo, con la sutura o con aproximación
de los bordes de la herida. Si los vasos son de calibre relevante se procederá
a su ligadura teniendo en cuenta que no se debe ligar sin observación directa
del sitio de sangrado (las ligaduras intempestivas en la región temporal,
malar o bucal pueden generar lesiones irreversibles en las ramas del nervio facial).
Las hemorragias intensas, nasales, bucales o faríngeas
pueden resultar enmascaradas por la deglución continua de sangre.
Hay que recordar que el shock es infrecuente en los traumatismos
faciales. Si el paciente se choca debemos sospechar la coexistencia de un traumatismo
asociado, abdominal, torácico, craneoencefálico o de extremidades.
Tampoco es infrecuente que el dolor provoque un shock neurogénico que trataremos
con una adecuada analgesia y reposición de líquidos.
Profilaxis antitetánica: Todos los traumatismos
faciales abiertos están potencialmente contaminados y deberemos prevenir
siempre el desarrollo del tétanos. Las indicaciones de vacunación
y gammaglobulina antitetánica se resumen en la Tabla VIII.
TABLA VIII. PROFILAXIS ANTITETÁNICA
| TIPO
HERIDA |
Vacunado
hace < 5 años |
Vacunado
hace > 5 años y < 10 años |
Vacunado
hace >
10 años |
No
Vacunado |
| Herida
limpia pequeña |
Nada
|
Dosis
de recuerdo |
Dosis
de recuerdo |
Iniciar
Vacunación |
| Herida
contaminada, tetanígena |
Nada
|
Dosis
de recuerdo |
Dosis
de recuerdo +Gammaglobulina |
Iniciar
Vacunación +Gammaglobulina |
Dosis de recuerdo = 0, 5 ml
de toxoide.
Gammaglobulina = 250 U globulina antitetánica.
Vacunación
= 0,5 ml de toxoide en el momento del tratamiento de la herida, una segunda dosis
al mes, una tercera al año, y un recuerdo a los 10 años.
Profilaxis antibiótica: En heridas potencialmente
contaminadas se debe realizar profilaxis antibiótica con Amoxicilina +
Clavulámico o, en caso de alergia, se administrará Doxiciclina +
Clindamicina. En heridas pequeñas de la mucosa oral, aunque puedan estar
contaminadas por flora bacteriana saprofita, no es necesaria la profilaxis antibiótica
excepto en las fracturas mandibulares con solución de continuidad de la
mucosa oral.
- TRATAMIENTO DE LAS HERIDAS DE LAS PARTES BLANDAS DE LA CARA
Pocos traumatismos son tan desafiantes para el médico
como las heridas faciales debido a su doble responsabilidad sobre la reparación
del defecto y la recuperación de la función, ya que cualquier secuela
o deformidad puede motivar un trauma psicológico importante. Además,
debemos recordar que ningún tratamiento secundario es mejor que el inicial
bien realizado.
Las heridas de los tejidos blandos son la forma más
frecuente del trauma facial y se caracterizan por su espectacularidad y tendencia
a la hemorragia que nos pueden llevar a desatender posibles fracturas o lesiones
en otros órganos o sistemas. La presencia de hematoma, dolor e impotencia
funcional no son signos ciertos de fractura facial y pueden aparecer en las contusiones
y en las lesiones de partes blandas.
Como norma, sólo procederemos a la reparación
de los traumatismos faciales cuando el paciente se halle totalmente estabilizado
y fuera de peligro.
Las heridas deben evaluarse cuidadosamente antes de plantear
el tratamiento, realizándose el diagnóstico y clasificación
de las lesiones teniendo en cuenta su localización anatómica y las
repercusiones médico-legales. Resulta indispensable, por tanto, la exploración
funcional de la oclusión y apertura palpebral, de los movimientos y el
estado del globo ocular, de la articulación témporo-mandibular,
de la capacidad de deglución, de la funcionalidad del nervio facial, así
como de la integridad del conducto de Stenon. También debemos tener presente
que las heridas que cruzan las unidades estéticas de la cara o aquellas
que no son paralelas a las líneas de tensión de la piel (líneas
de Langer) tendrán un peor pronóstico de cicatrización.
Las lesiones de las partes blandas ocasionadas por los traumatismos
faciales se dividen en: contusiones, abrasiones, inclusión de cuerpos extraños
y tatuajes, heridas punzantes, heridas incisas o laceraciones, avulsiones y heridas
con pérdidas de sustancia.
TRATAMIENTO GENERAL DE LAS HERIDAS: El tratamiento de las heridas
faciales tiene su principal secreto en la meticulosidad con la que se efectúe
su limpieza y se caracteriza por su manejo conservador ya que su rica vascularización
nos posibilita post-poner el cierre primario hasta 48 horas después del
accidente. La reparación de la herida debe efectuarse una vez que las estructuras
adyacentes se hayan limpiado, desbridado y extraído los cuerpos extraños.
Mientras que el paciente no esté en condiciones de ser
sometido a una anestesia general para tratar las heridas complejas y las fracturas
podemos realizar con anestesia local la reparación de las heridas de menor
importancia. En espera de la sutura las heridas se cubrirán con un grueso
apósito húmedo para evitar su contaminación aunque, para
obtener los mejores resultados, siempre sea preferible reparar las heridas lo
antes posible ya que el edema hace que los tejidos sean menos flexibles y más
duros para ser aproximados con precisión
Manipulación de los tejidos: La piel debe
ser manipulada con pinzas finas con dientes de ratón (pinzas de Adson)
o con erinas de manera que se evite la compresión de los bordes de la herida
lo que ocasionaría necrosis de los mismos. Es primordial tratar los tejidos
con gran suavidad para conseguir resultados estéticamente aceptables. Antes
de realizar el cierre de la herida debemos explorarla minuciosamente -con el fin
de identificar estructuras especializadas como nervios, vasos, músculos
o conductos- y proceder a la palpación de la profundidad de la herida para
detectar fracturas no visibles en las radiografías o cuerpos extraños
profundos.
Limpieza: La limpieza de la herida es fundamental
y se realiza con suero fisiológico o agua y jabón. Para evitar el
dolor ésta deberá realizarse una vez anestesiada la zona. El rasurado
no es aconsejable aunque, en caso necesario, podemos cortar con tijeras el pelo
(tricotomía) para facilitar la sutura y la manipulación de los tejidos.
Asepsia: En las heridas en la cara no se recomienda
el empleo de compuestos yodados, sobre todo si son extensas, siendo preferible
el lavado del campo quirúrgico con digluconato de clorhexidina al 4%. Para
el lavado de manos de cirujanos y enfermeras también se ha demostrado mayor
eficacia de la clorhexidina al 4% si este se realiza durante cinco minutos.
Retirada de cuerpos extraños: La sangre
y los cuerpos extraños (cristales, metales, astillas de madera, arena)
deben ser retirados. Si fuera necesario utilizaremos un cepillo -para eliminar
cuerpos extraños y pigmentos- pero lo normal es que sea suficiente un lavado
con suero fisiológico a alta presión (unos 500 ml de suero aplicados
mediante una jeringa de 50 ml) que arrastrará los cuerpos extraños
y el tejido dislacerado. En algunas ocasiones tenemos que utilizar la hoja de
un bisturí o una aguja intramuscular para extraer pequeñas partículas
de arena o grava incrustadas en los tejidos que podrían ocasionar tatuaje
de la zona. También hemos de poner especial atención en la detección
y extracción de los cristales que por su transparencia pueden pasar inadvertidos.
Desbridamiento: En el área facial debemos
ser muy económicos con el desbridamiento de tejidos necrosados o previsiblemente
inviables. Sólo deberemos realizar Friederich si éstos están
francamente desvitalizados, en el caso de aparición de fondos de saco o
para transformar los bordes biselados en perpendiculares.
Evacuación de los hematomas: Los hematomas
tras un traumatismo facial son muy frecuentes, sin embargo, la indicación
absoluta de drenaje se restringe única y exclusivamente a las áreas
que poseen estructuras cartilaginosas (pabellón auricular y septo nasal)
debido a la posibilidad de provocar destrucción de las mismas (condrolisis)
por infección o como consecuencia de los efectos tóxicos del proceso
de absorción del mismo hematoma.
Sutura: Las heridas deben suturarse por planos
de manera que consigamos, tanto obliterar los espacios muertos potenciales como,
también, descargar la tensión de las suturas cutáneas externas
para permitir su retirada precoz. La sutura intradérmica, reabsorbible
o irreabsorbible, tiene la ventaja de evitar las marcas de los puntos en la piel.
Apósito: La mayoría de las heridas
de la cara no precisan vendaje, excepto en la región frontal y cuero cabelludo
donde pueden producirse hematomas.
TRATAMIENTO DE LAS CONTUSIONES: Son lesiones causadas por traumatismos
sin pérdida de continuidad de la superficie cutánea. Las contusiones
producen edema, equimosis y hematomas que desaparecen sin necesidad de aplicar
ningún tratamiento. Ante la duda de una posible fractura siempre es preferible
remitir el paciente a un especialista para su evaluación y revisión.
Las pequeñas contusiones se manejan con compresas frías
o hielo envuelto en una bolsa, compresión, analgésicos, antiinflamatorios
y observación, siendo de suma importancia conseguir el sosiego del paciente.
Los hematomas localizados e importantes pueden requerir drenaje,
indispensable en los hematomas del tabique nasal y del pabellón auricular.
La evacuación se realiza poniendo en práctica todas las medidas
antisépticas, procediéndose, inmediatamente, a la aplicación
de un vendaje compresivo. Si a pesar de ello el hematoma sigue aumentando debemos
sospechar sangrado de un vaso importante que requerirá ligadura.
TRATAMIENTO DE LAS HERIDAS POR ABRASIÓN: Las heridas
superficiales causadas por fricción contra superficies ásperas son
muy dolorosas, arden mucho y sangran abundantemente en sábana. Si existe
sangrado se mantendrá presión digital durante 10 minutos dejándose
de ejercer poco a poco y, de persistir, volveremos a presionar. Muchas de ellas
contienen polvo o algún otro resto que pueden dejar alguna pigmentación
residual. El asfalto tiene gran cantidad de cuerpos extraños que origina
inestéticos tatuajes. Las abrasiones y escoriaciones se tratan con la cobertura
de la lesión con gasas húmedas o apósitos vaselinados que
previenen la desecación y la formación de costras duras en la superficie
expuesta.
TRATAMIENTO DE LAS HERIDAS INCISAS: La laceración simple
es la forma más común de lesión facial y puede afectar a
músculos, nervios, glándulas y conductos. Las heridas incisas normalmente
se producen por traumatismos con objetos cortantes como cuchillos, cristales o
metales afilados.
Para su correcto tratamiento es de suma importancia reestablecer
la anatomía de la zona suturando adecuadamente los planos musculares, el
tejido subcutáneo y la piel, de manera que se recupere la funcionalidad
y se evite el hundimiento de la cicatriz y la formación de adherencias.
En las heridas semicirculares se preconiza el
uso de las suturas horizontales de colchonero semienterradas a fin de disminuir
el efecto en escotilla que tiende a producirse por causa de la contracción
(Fig. 20). En muchos casos será inevitable una revisión posterior
de la cicatriz -con plastias seriadas en Z o con escisiones parciales- independientemente
del tipo de sutura realizada.
 |
| Fig.20. Sutura correcta del vértice de un colgajo
triangular. La sutura se inicia en un borde de la piel de la herida, atraviesa
el vértice del colgajo a nivel intradérmico y sale en el otro borde
de la herida por la piel. Esta sutura se denomina punto horizontal de colchonero
semienterrado. |
Las heridas estrelladas y multidireccionales
se manejan mejor con una sutura entrecortada de puntos sueltos. En las laceraciones
en estrella, tras resecar los extremos no viables, los fragmentos se deben aproximar
cuidadosamente con suturas finas entrecortadas. Es frecuente que este tipo de
heridas cicatricen mucho mejor de lo esperado.
TRATAMIENTO DE LAS HERIDAS PUNZANTES: Las heridas penetrantes
en la cara no son muy frecuentes si bien pueden ocasionar lesiones importantes
del globo ocular y fístulas arteriovenosas o salivares. La sutura de estas
heridas debe realizarse por planos, comenzando por el plano mucoso y del menos
accesible al más accesible, evitando de esta manera la formación
de adherencias de la piel a los planos musculares y la existencia de espacios
muertos.
TRATAMIENTO DE LAS HERIDAS POR MORDEDURA: La mordedura animal
o humana en la cara suele provocar laceraciones profundas caracterizadas por su
elevado índice de contaminación microbiana aunque debido a que la
rica vascularización de la cara disminuye el riesgo de infección.
El tratamiento urgente consistirá en el desbridamiento de las zonas afectadas
y el cierre de la herida acompañado de tratamiento antibiótico.
Cuando la mordedura tiene más de 6 horas de evolución deberemos
ser más conservadores. Las mordeduras de perro son las más frecuentes:
cuando este es un perro doméstico deberemos investigar si esta vacunado
correctamente y en caso contrario, o si es un perro desconocido, proceder a la
vacunación antirrábica.
TRATAMIENTO DE LAS HERIDAS POR ARMA DE FUEGO: Las lesiones
provocadas por arma de fuego en la región facial son muy diferentes dependiendo
del calibre del proyectil, el diámetro y número de los perdigones,
la distancia desde la que se efectúa el disparo, etc. Normalmente no deberemos
intentar extraer la bala o los proyectiles a no ser que su localización
permita un fácil acceso o en caso de que su presencia provoque alteraciones
o síntomas. Su tratamiento se basará en controlar la hemorragia,
desbridamiento del tejido no viable y estabilización y fijación
de las estructuras óseas afectadas.
TRATAMIENTO DE LAS AVULSIONES: La avulsión consiste
en una herida traumática con elevación de un colgajo cutáneo
extenso. Su cicatrización provoca edema en su superficie y depresión
de sus bordes con la consiguiente deformación de la cara. Su tratamiento
es conservador procurando adelgazar el colgajo y realizando un vendaje compresivo.
En caso de presentar un vértice triangular se procede a realizar la sutura
semienterrada en ángulo (Fig. 20) que ayuda a mantener el vértice
del colgajo avulsionado en su nivel apropiado. Este tipo de sutura es recomendada
para aproximar los picos de las heridas y permite que la punta del colgajo quede
evertida en su sitio. El punto, pasado a través de la punta del colgajo,
debe colocarse justamente al mismo nivel de la dermis que en los tejidos adyacentes,
para evitar que la alineación sea irregular. En algunas situaciones puede
ser más útil la escisión elíptica del triángulo
de manera que nos permita un cierre curvilíneo que mejore el aspecto de
la cicatriz.
TRATAMIENTO DE LAS DESTRUCCIONES MASIVAS FACIALES: En las heridas
faciales con grandes pérdidas de estructuras y de tejidos blandos se intentará
un cierre primario y si esto no fuese posible cubriremos las áreas cruentas
con injertos de piel de espesor total o parcial (Fig. 21)
 |
| Fig.21. Resultado poco satisfactorio de un injerto extenso
de piel parcial tras un accidente de tráfico con destrucción masiva
facial. |
Las heridas que afectan a la mejilla, nariz y boca y que, debido
a su extensión, no pudieran ser reparadas con injertos se procederá
a la sutura temporal de la mucosa oral o de la cavidad nasal con la piel más
próxima hasta que las lesiones puedan ser reparadas más tarde con
colgajos. De esta manera evitaremos retracciones de difícil corrección
y la posibilidad de infección. Es importante recordar la necesidad de proceder
a la cobertura de todos los huesos expuestos con el fin de impedir su desecación,
infección o necrosis.
TRATAMIENTO Y CUIDADOS DE LAS HERIDAS QUIRÚRGICAS: Para
obtener una buena cicatriz después de una cirugía es fundamental
conocer con precisión el proceso de cicatrización y los fenómenos
que lo acompañan. Como norma, el mejor tratamiento de una cicatriz quirúrgica
normal es dejar que ella misma evolucione. Si la técnica ha sido correcta
(incisión, hemostasia, procedimientos y sutura) únicamente requiere
limpieza y reposo, es decir, lavados con suero fisiológico e inmovilización
de la zona de manera que se evite cualquier tipo de distensión de la propia
herida y de la piel adyacente.
No obstante, la reparación epitelial parece estar influida
por diversos factores: está refrenada por la hipotermia y acelerada por
la hipertermia moderada (hasta los 40º C). Esto significa que un aumento de la
temperatura a nivel de la cicatriz estimulará la cicatrización,
probablemente por incremento de la circulación sanguínea. De la
misma manera, se ha demostrado la utilidad del Láser de Helio para acelerar
la cicatrización cutánea y de la magnetoterapia para la cicatrización
ósea.
- TRATAMIENTO DE LAS HERIDAS SEGÚN SU LOCALIZACIÓN
HERIDA FRONTAL: Las heridas frontales localizadas en la región
nasoglabelar deben explorarse con atención comprobando que no haya fractura
del seno frontal y comunicación con la fosa cerebral anterior. La sección
de la arteria supraorbitaria puede producir un hematoma frontal de gran tamaño
que requiera evacuación por drenaje o por aspiración, sin embargo,
los hematomas pequeños sólo precisan frío local y vendaje
compresivo. También pueden afectar a la rama temporal del nervio facial
produciendo parálisis del músculo frontal del lado afecto.
Las cejas nos servirán como referencia anatómica
y no deben cortarse. Los desplazamientos de la línea pilosa de éstas
o del cuero cabelludo han de corregirse mediante una sutura correcta. Para evitar
depresiones de la cicatriz la sutura ha de comprender las capas musculares (con
hilo reabsorbible 5/0) mientras que para la piel emplearemos monofilamento de
nylon 5/0 ó 6/0.
HERIDAS ÓCULO-PALPEBRALES: Siempre que veamos a un paciente
con una herida óculo-palpebral lo primero que debemos valorar es la posible
afectación del globo ocular. Ante la más mínima sospecha
de contusión, herida ocular o presencia de cuerpos extraños incrustados
en el globo ocular -solo serán extraídos por un oftalmólogo-
cubriremos el ojo afecto para evitar la desecación y el paciente será
remitido a un servicio de oftalmología. La presencia de grasa a través
de la herida también puede indicar penetración en el globo ocular.
Las heridas que no afecten a este pueden ser tratadas en un servicio de urgencias,
si bien -dada la complejidad anatómica de la zona y las repercusiones funcionales
que la reparación defectuosa acarrea- es preferible que sea llevada a cabo
por un cirujano plástico.
En las heridas palpebrales es fundamental conservar la mayor
cantidad de tejido posible para evitar el ectropion cicatricial. Las heridas verticales
sufren retracción cicatricial que simula una pérdida de sustancia
y tiende a provocar ectropion. Si no existe afectación del borde libre
palpebral se realizará una sutura por planos. Cuando el borde palpebral
esta implicado en la lesión aplicaremos un punto de referencia de monofilamento
6/0 en la línea gris del margen palpebral (para evitar alteraciones en
su alineación) y a continuación realizaremos la sutura de los tres
planos: conjuntiva y tarso con hilo reabsorbible 6/0, músculo orbicular
con reabsorbible 4/0 ó 5/0 y la piel con nylon 6/0 (Fig. 22).
 |
| Fig.22. Métodos de reparación de las heridas
que afectan al borde palpebral (21.a) y sutura correcta por planos del párpado |
Las laceraciones menores de la conjuntiva normalmente no necesitan
ser suturadas.
Si existe lesión del músculo elevador del párpado
o sección de su aponeurosis procederemos a su reparación (para evitar
la ptosis palpebral) mediante la sutura de los extremos seccionados con mono nylon
5/0.
Deberemos descartar siempre una posible lesión de las
vías lacrimales, sobre todo si la herida afecta al canto interno del ojo.
Su integridad se explora pasando una sonda por el conducto lacrimal o mediante
dacriocistografía. Si existe sección de los canalículos introduciremos
un tubo de silicona que nos permita la anastomosis de los extremos con microsutura.
Si por el contrario nos encontramos con la pérdida completa del sistema
lacrimal, el tratamiento consistirá en comunicar la conjuntiva con las
fosas nasales a través de una dacriocistorrinostomía.
Cuando un paciente traumatizado presenta hipertelorismo (separación
exagerada de los cantos internos) probablemente se deberá a la lesión
del ligamento cantal interno y el tratamiento debe procurar su reposición
mediante sutura del mismo al periostio de la pared orbitaria medial o a través
del cerclaje con hilo metálico transnasal. Si la lesión es del canto
externo deberemos realizar una cantorrafia o una cantopexia.
Tanto durante estos procedimientos como en el postoperatorio
es fundamental proteger la córnea de la desecación, de la luz directa
del foco quirúrgico o de cualquier tipo de traumatismo que puedan provocar
lesiones o ulceraciones en la misma. Para ello utilizamos protectores corneales,
abundantes lavados con suero fisiológico, cremas lubrificantes y un apósito
oclusivo. Excepcionalmente será necesario realizar una tarsorrafia o cierre
de los dos párpados mediante una sutura temporal.
LESIONES TRAUMÁTICAS NERVIOSAS: Cuando nos encontremos
una lesión del nervio facial procuraremos afrontar sus extremos suturando
la vaina perineural con un hilo de 6/0 ó inferior. Si no es posible la
sutura precoz podemos fijar el extremo proximal a los tejidos circundantes (para
evitar posibles retracciones), dejando para un segundo tiempo la aproximación
de los extremos puesto que las suturas diferidas proporcionan unos magníficos
resultados. Sin embargo, muchas veces resulta imposible identificar y suturar
las ramas terminales del nervio facial. Las ramas bucales y orbitarias inferiores
muestran una gran capacidad de regeneración espontánea mientras
que las ramas frontales o las marginales mandibulares no presentan estas características.
En la sección de estas últimas será necesaria su identificación
y sutura bajo microscopio o gafas lupa. Si existe pérdida de un segmento
nervioso se colocan injertos nerviosos de nervio sural o plexo cervical.
Es importante recordar que la recuperación nerviosa
no se produce por la reparación de la sección destruida sino por
su regeneración a partir de la porción proximal, es decir, la porción
nerviosa proximal crece e invade paulatinamente el segmento distal. En otras ocasiones
se produce la recuperación neurológica motora gracias a la reinervación
desde otras ramas nerviosas próximas.
Las lesiones de las ramas del nervio trigémino provocan
hipoestesia o anestesia, temporal o definitiva, de la zona correspondiente. Las
más frecuentes afectan a las ramas mentoniana, infraorbitaria, supraorbitaria
y supratroclear. Su sutura no es factible y la recuperación de la sensibilidad
se produce paulatinamente durante años aunque suele restar cierta hipoestesia
o parestesias.
HERIDAS EN LA REGIÓN GENIANA: LESIONES DEL MÚSCULO
MASETERO Y DEL CONDUCTO PAROTÍDEO: Las heridas en la cara que cruzan el
tercio medio facial en una línea imaginaria que se extiende desde el trago
hasta el ala de la nariz y la comisura labial pueden provocar la lesión
del conducto de Stenon o de la rama bucal del nervio facial.
Cuando constatemos una lesión del conducto de Stenon
deberemos proceder a su reparación inmediata para evitar fístulas
y quistes salivales que posteriormente pueden llegar a condicionar la exéresis
de la parótida. Para su recanalización hemos de localizar los dos
extremos, cateterizándolos con un tubo fino, y suturarlos con un hilo de
10/0, ayudados por gafas lupa. El extremo distal se localiza metiendo una sonda
por la desembocadura bucal (a nivel del segundo molar superior) mientras que el
extremo proximal se manifiesta exprimiendo la glándula parótida
y viendo cómo sale una gota de saliva por la herida. Se coloca un catéter
de Silastic® en el conducto y se sutura con 2 ó 3 puntos. El tubo permanecerá
unas dos semanas (10-14 días). Si la reparación del conducto no
es posible deberá desviarse el muñón proximal a la boca.
Aunque en las heridas en el espesor de la parótida siempre
dejamos un drenaje, la sección del conducto de Stenon provocará
el acúmulo saliva que tendrá que ser evacuada periódicamente.
Sin embargo, debe evitarse la ligadura del conducto -utilizada como forma de tratamiento
de la parotiditis crónica recurrencial por provocar atrofia glandular-
porque ocasiona estasis salivar, extremadamente dolorosa, y puede provocar infección
local y formación de un absceso.
HERIDAS NASALES: Ante cualquier traumatismo nasal es necesario
descartar, con la ayuda de un rinoscopio, la formación de un hematoma a
nivel del septo. Su presencia exigirá realizar un drenaje inmediato del
mismo para evitar la posibilidad de necrosis septal. El drenaje se realiza mediante
una incisión vertical en la mucosa del septo nasal que comprimiremos con
un taponamiento y, después de administrar antibióticos, remitiremos
al paciente a un cirujano plástico o a un otorrinolaringólogo.
Las heridas nasales de espesor completo exigen un cierre por
planos: se comienza suturando la mucosa, se aplican unos puntos cutáneos
de referencia, se reestablece la continuidad de los cartílagos y la integridad
muscular, se aproxima la capa subcutánea y, finalmente, se sutura la piel.
Tanto para la mucosa como para las estructuras internas utilizamos puntos reabsorbibles
de 5/0 ó 6/0, mientras que para la piel será mono nylon de 5/0 ó
6/0.
En las avulsiones con pérdida del tejido nasal pueden
emplearse injertos de piel total, de cartílago, condrio-cutáneo
o de margen auricular y colgajos locales.
En el caso de arrancamiento procuraremos realizar su reimplantación
siempre que haya sido una amputación limpia, con mínimo intervalo
de tiempo y que dispongamos de una superficie de contacto amplia con el lecho.
Si esto fuera imposible intentaremos conservar los cartílagos para facilitar
una posterior reconstrucción, manteniéndolos debajo de la piel de
la región mastoidea o abdominal.
HERIDAS LABIALES: Para la reconstrucción labial el borde
rojo bermellón será nuestra referencia por lo que es conveniente
tatuar los dos extremos de dicha línea con una aguja impregnada en azul
de metileno (Fig. 23).
 |
| Fig.23. Sutura de una herida labial que afecta a piel
y mucosa. El primer punto se aplica en el borde bermellón para evitar la
pérdida de continuidad del borde y asimetrías. |
Para poder proceder a su identificación debemos evitar
el uso de anestésico con vasoconstictor. El primer punto de la sutura lo
daremos uniendo los extremos de la línea y seguidamente suturaremos los
planos, mucoso, muscular y cutáneo. Es de suma importancia reestablecer
la correcta anatomía de la musculatura perioral ya que, de lo contrario,
cuando el paciente mueva los labios se producirán defectos del contorno
labial y de la expresión.
Los defectos que comprenden más de un 25% de la longitud
del labio -al igual que las quemaduras eléctricas labiales- deben derivarse
a un cirujano plástico. Las quemaduras eléctricas, a pesar de su
aspecto inicial poco llamativo, comienzan a extenderse entre el 3º y 6º día
y a partir del 7º día presentan un alto riesgo de hemorragia diferida de
los vasos periorales.
HERIDAS EN LA BOCA: Para manipular la lengua es útil
la tracción con una gasa o, después de anestesiar, con un punto
de sutura transfixante de 2/0 en la punta.
Las heridas superficiales no precisan sutura mientras que si
provocan gran hemorragia deben ser suturadas con puntos profundos en U.
En las heridas que afecten al suelo de la boca es necesario
realizar una buena hemostasia para evitar la asfixia. No son necesarias la reparación
del conducto de Wharton, ni la reparación de la glándula submaxilar,
ni tampoco de las heridas del paladar duro, en cuyo caso ha de realizarse un taponamiento
con puente de seda interdental a modo de hamaca.
Las heridas intraorales no suelen generar complicaciones siendo
preferible su cierre con monofilamento reabsorbible de 4/0.
Las heridas de espesor completo que implican todos los planos
de la mejilla y que comunican la piel con la cavidad oral deben irrigarse con
abundante suero e iniciarse el cierre por la mucosa oral, posteriormente el plano
subcutáneo-muscular y, por último, el plano cutáneo. Para
su higiene se recomiendan realizar enjuagues bucales con un colutorio antiséptico
o con agua de sal.
HERIDAS EN PABELLÓN AURICULAR: El objetivo principal
del tratamiento de las heridas que afectan a la oreja es preservar el cartílago
auricular. Si la herida no afecta al cartílago se realizará un cierre
simple con sutura no reabsorbible (monofilamento de 4/0 ó 5/0), mientras
que si éste esta implicado será necesario aproximar sus extremos
con sutura reabsorbible de 4/0 antes de realizar el cierre cutáneo.
En las heridas con existencia de una gran destrucción
del pabellón auricular se enterrará el cartílago para realizar
posteriormente una reconstrucción definitiva (Fig. 24).
 |
| Fig.24. Método de reconstrucción de las
pérdidas parciales de oreja mediante la utilización de piel de la
región retroauricular o mastoidea. |
Si el pericondrio está intacto podemos aplicar sobre
éste injertos de piel total mientras que si no lo hay emplearemos colgajos
locales.
Es importante prevenir la formación de hematomas mediante
un vendaje compresivo puesto que pueden provocar desde condritis -si se infectan-
hasta fibrosis y calcificaciones metatraumáticas, originando la denominada
oreja en coliflor u oreja de boxeador. Si nos encontramos con un otohematoma realizaremos
un drenaje aspirativo con aguja intramuscular o procederemos a su evacuación
mediante la realización de una incisión y colocación de un
vendaje compresivo con apósitos a ambos lados de la oreja. En caso de duda
podemos dejar un dreno de aspiración consistente en un tubito de palomilla
en cuyo extremo libre (seccionada su terminación) hemos realizado varios
orificios, que colocaremos en la herida, mientras que la aguja de la palomilla
se introduce en un tubo de análisis de sangre con vacío tipo Hemovac®.
La lesión del conducto auditivo externo se sutura con
nylon 6/0 colocándose un taponamiento en el canal para evitar su estenosis.
- TRATAMIENTO QUIRÚRGICO DE LAS QUEMADURAS FACIALES
Aunque en el adulto el área facial corresponde al 3%
de la superficie corporal las quemaduras en la cara representan uno de los accidentes
más frecuentes, graves e incapacitantes. Afortunadamente las quemaduras
severas son poco frecuentes y normalmente son debidas a descuidos domésticos
o laborales. Sin embargo, el manejo de la cara quemada tiene consideraciones especiales
debido a sus implicaciones funcionales, psicológicas y las graves secuelas.
Al contrario que las quemaduras en otras regiones, las quemaduras profundas faciales
se tratan conservadoramente por métodos abiertos procurando la máxima
preservación de tejido viable.
- QUEMADURAS FACIALES: GENERALIDADES
El tratamiento adecuado de las quemaduras durante la fase aguda
puede disminuir la gravedad y la importancia de las secuelas y su principal objetivo
es mantener una apariencia aceptable y una adecuada movilidad y expresión
facial.
Como en el resto de las quemaduras es fundamental realizar
la evaluación de su gravedad mediante la determinación de la extensión,
la profundidad, la localización y la presencia de lesiones asociadas.
La evolución del paciente quemado dependerá de
la fuente de calor, del tiempo de actuación, de la intensidad, de las características
del propio paciente (edad y patologías previas) y de la calidad del tratamiento
que se preste en cada etapa. El mecanismo de producción de la quemadura
química puede orientarnos sobre su profundidad, mientras que en la quemadura
térmica deberemos sospechar una posible afectación de las vías
respiratorias por inhalación de gases o humo (Tabla IX).
TABLA
IX. RELACIÓN ENTRE AGENTE Y EL TIPO DE QUEMADURA PRODUCIDA
| AGENTE
|
TIPO
DE QUEMADURA |
| Líquido
caliente (escaldadura) y/o vapor |
1º
- 2º grado. |
| Llama
|
2º
- 3er grado |
| Contacto
con sólidos a elevada temperatura |
3er
grado |
| Químicas
|
2º
- 3er grado |
| Eléctricas
bajo voltaje |
2º
grado |
| Eléctricas
alto voltaje |
3er
grado |
| Exposición
solar |
Epidérmica
o dérmica superficial |
En los quemados graves la lesión cutánea pierde
importancia a favor de mantener las constantes vitales del paciente y de proceder
al traslado de una forma adecuada y rápida a un centro especializado.
Ante un paciente quemado debemos seguir sistemáticamente
los pasos sucesivos:
Retiraremos todas las ropas quemadas y colocaremos al paciente
sobre sábanas estériles. Con el fin de neutralizar el calor, aliviar
el dolor y evitar la profundización de la quemadura utilizaremos irrigaciones
de la zona con agua fría durante un tiempo razonable -unos 30 minutos-
para no originar hipotermia. Después, colocaremos al paciente en un ambiente
cálido (entre 33º C y 38º C). El agua también nos servirá
para remover los agentes químicos, salvo que la quemadura sea provocada
por fósforo, cal o sodio metálico. Tampoco debe usarse lavado abundante
de agua en las quemaduras de 3º grado, ni en quemaduras superficiales de 2º grado
cuya extensión de superficie corporal quemada (SCQ) sea mayor del 15%.
Es fundamental elevar la cabeza del paciente para evitar el
riesgo de asfixia y disminuir la formación de edema facial (Tabla X).
TABLA X. PRINCIPIOS GENERALES
DEL TRATAMIENTO DE LAS QUEMADURAS
| ACCIÓN
|
FINALIDAD
|
A.
Airway B. Bleeding C. Circulation |
Estabilizar
las constantes vitales del paciente |
| Retirar
ropas y colocar sábanas estériles |
Evita
la profundización y contaminación |
| Elevar
la cabecera |
Evita
la asfixia y disminuye el edema |
| Agua
fría |
Neutraliza
el calor, evita la profundización, alivia el dolor y lava los agentes químicos
|
Evaluar
la gravedad Extensión Profundidad Localización Lesiones
asociadas |
Para
adecuar el tratamiento |
| Canalizar
vía venosa |
Hidratación,
analgésicos y antibióticos |
| Profilaxis
Antitetánica |
| Limpieza-desbridamiento
|
| Apósito
adecuado |
Una vez realizados estos procedimientos determinaremos la extensión
de la quemadura (por la regla de Wallace o por la regla de los Nueve) y comenzaremos
a tratar en consecuencia mediante hidratación, control del dolor y control
de la infección.
Administramos analgésicos endovenosos (Fentanyl®)
adaptando la dosis relativa a la respuesta hemodinámica. Conseguida la
analgesia, procedemos a la limpieza y desbridamiento prudente de los tejidos claramente
necróticos y cobertura de la dermis con antibióticos tópicos,
gasa vaselinada o sustituto de piel.
La terapia tópica antibiótica está indicada
en quemaduras de segundo grado profundo, tercer grado y segundo grado superficial
en la cara y las orejas. Su indicación es relativa en quemaduras de segundo
grado menores del 20% de SCQ y de segundo grado superficial en diabéticos,
ancianos o pacientes con riesgo de infección. La terapia tópica
antibiótica no es necesaria en quemaduras de segundo grado superficial
menores del 15% de SCQ que puedan cubrirse con sustitutos de piel o vendajes oclusivos.
Respecto al control farmacológico de la infección,
la profilaxis con antibióticos sistémicos no esta indicada ni en
los adultos ni en las quemaduras menores excepto en los niños seriamente
quemados -en cuyo caso aplicaremos durante 48 horas Penicilina cristalina contra
el estreptococo β- hemolνtico- o
en las quemaduras eléctricas por alto voltaje como prevención de
una posible infección por anaerobios.
En cuanto a la profilaxis antitetánica todos los pacientes
con quemaduras significativas deben recibir vacunación antitetánica
(Toxoide tetánico) si no existe inmunización previa, es incierta
o la última dosis de refuerzo fue hace más de 10 años. Además,
se deben administrar 250 unidades de inmunoglobulina tetánica.
- TRATAMIENTO DE LAS QUEMADURAS SUPERFICIALES
Las quemaduras superficiales afectan a la epidermis y al tercio
superior de la dermis (dermis superficial) y provocan la pérdida de la
función protectora de la piel. Se caracterizan por ser muy dolorosas (debido
a la exposición de las terminaciones nerviosas) y por la aparición
de ampollas secundarias a la alteración de la microvascularización
local.
La eliminación de las ampollas deja una superficie eritematosa
con abundante exudado, sin embargo, aconsejamos la evacuación de su contenido
dejando que la epidermis actúe como un "apósito biológico".
El tratamiento consistirá en lavar la zona con antisépticos quirúrgicos
(en su defecto agua y jabón) 2- 3 veces al día, aplicando Bacitracina
durante unos días hasta lograr un aspecto seco y, posteriormente, crema
hidratante abundante y protección solar durante al menos 6 meses. Se pueden
tratar con curas diarias en régimen ambulatorio y su curación tarda
de 3 a 4 semanas.
- TRATAMIENTO DE LAS QUEMADURAS PROFUNDAS
Afectan a la epidermis y a casi toda la dermis. El dolor es
menos intenso y su aspecto es eritematoso con un moteado blanquecino y poco exudado.
Si se tracciona del folículo piloso éste no mostrará ningún
tipo de resistencia para ser extraído. La formación de las ampollas
es menos característica porque la dermis profunda está adherida
por fibras de colágeno a la hipodermis y no puede ser levantada.
Todas las quemaduras profundas en cara y cuello (de segundo
y tercer grado), las quemaduras con extensión mayor del 1% y aquellas en
las que, además, se sume afectación cervical y/o sospecha de inhalación
de humos deberán ser valoradas en medio hospitalario, requiriendo observación
durante al menos 24 horas.
Estas quemaduras producen un gran edema por lo que el paciente
debe dormir con la cabecera de la cama elevada. Ante la aparición de dificultad
respiratoria o de edema importante debe considerarse la intubación electiva
precoz antes de que se produzca la obliteración de la vía aérea.
En las quemaduras de la región facial se utilizan con
mayor frecuencia las curas abiertas (Fig. 25). Tras una limpieza inicial
la quemadura se deja al aire y cubierta únicamente por un agente antibacteriano
o crema antibiótica tópica específica (Sulfadiazina de plata
al 1%).
 |
| Fig.25. Cura expositiva tras una quemadura profunda
facial en un niño. |
En las quemaduras de espesor parcial, si no se infectan, aparecerá
una costra en 48-72 horas bajo la cual se producirá la reepitelización
y que terminará cayéndose en 2-3 semanas.
Aunque algunos cirujanos de quemados obtengan resultados cosméticos
aceptables en la cara con desbridamientos tangenciales tempranos e injertos laminares,
la mayoría preferimos esperar de 14 a 21 días y, si la herida no
cicatriza, entonces realizaremos el desbridamiento tangencial y el injerto.
La aplicación de un injerto debe tener en cuenta las
unidades estéticas de la cara. Aunque siempre son preferibles los injertos
de espesor total, en las quemaduras extensas podemos recurrir a los injertos de
piel laminada de grosor intermedio-grueso (espesor que reduce la contracción
del injerto). Sin embargo, siempre utilizaremos injertos de espesor completo en
los párpados inferiores una vez realizada la liberación temprana
de la retracción cicatricial o del ectropion post-quemadura.
La elección de la zona donante del injerto se realiza
en función de la disponibilidad de piel libre de quemadura. También
se han utilizado análogos sintéticos de dermis -que posteriormente
son cubiertos con autoinjertos laminares muy finos- obteniéndose unos resultados
aceptables. En caso de quemadura con afectación ósea o cartilaginosa
puede ser necesario recurrir al uso de colgajos regionales o, incluso, colgajos
libres.
- QUEMADURAS ELÉCTRICAS
Provocan lesiones cutáneas engañosamente pequeñas
que pueden ocultar zonas amplias de tejidos necrosados. Estos liberan cantidades
significativas de mioglobina y potasio y pueden llegar a provocar insuficiencia
renal aguda e hiperpotasemia si no se mantiene una diuresis adecuada.
Las quemaduras eléctricas suelen ser más frecuentes
en los niños, localizándose preferentemente, en los labios o en
la boca por la introducción de enchufes. Como resultado de la alta temperatura
producida por el paso de la corriente a través de los tejidos aparecerá
una quemadura local que dará lugar a una escara profunda en torno a los
labios y la comisura oral.
Existen controversias sobre realizar una escisión precoz
o conservadora. Diferentes autores encuentran pocas diferencias en los resultados
finales entre los pacientes que se operaron antes de cicatrizar las quemaduras
o después de la cicatrización. En cualquier caso, parece razonable
esperar a la delimitación de la necrosis para efectuar el desbridamiento.
Finalmente, la lesión oftalmológica más
frecuente tras una quemadura eléctrica es la catarata.
- QUEMADURAS POR CONGELACIÓN
En la región facial las quemaduras por congelación
afectan principalmente a la nariz y a las orejas. El esquema de tratamiento generalmente
aceptado consiste en la retirada de las ropas mojadas, realización de un
inmediato y rápido calentamiento por inmersión en agua caliente
a 40º a 42º y, bajo analgesia parenteral, proceder a una limpieza minuciosa de
las zonas afectadas, administrar penicilina endovenosa y proceder a su inmovilización
y protección. No debemos realizar desbridamientos quirúrgicos hasta
que la momificación esté establecida.
Por último, esa conveniente verificar el estado de la
vacunación antitetánica.
- ANTIMICROBIANOS TÓPICOS EN LAS QUEMADURAS
Los antimicrobianos tópicos utilizados con más
frecuencia en el tratamiento de las quemaduras son:
Sulfadiazina argéntica al 1% (Flamazine®):
Es activo frente a gram positivos, gram negativos y hongos aunque se están
observando resistencias ocasionales de pseudomona aeruginosa y enterobacterias.
Es un fármaco bacteriostático poco difusible por la escara cuyo
poder disminuye a partir de las 12 horas de su aplicación. Se administra
a partir del 3º o 5º día postquemadura -cuando aparecen las costras- con
la finalidad de penetrar y evitar las posibles infecciones. No presenta efectos
secundarios atribuibles a su utilización diaria excepto ocasionalmente
neutropenia.
Sulfadiazina argéntica al 1% con nitrato de cerio
al 2,2% (Flammazine cerio®): Activo frente a pseudomona aeuruginosa y
enterobacterias, siendo algo menos eficaz frente a algunos gram positivos como
el staphiloccocus aureus. Se puede aplicar una vez cada 24-48 horas. No presenta
efectos secundarios.
Nitrato de plata al 0.5%: Impide el crecimiento bacteriano
y no interfiere con la proliferación de la epidermis. Se debe utilizar
inmediatamente después de producida la quemadura y antes de producirse
la escara. Produce ennegrecimiento de la piel y de ropas. Entre sus efectos secundarios
está la pérdida de electrolitos por la superficie quemada, por lo
que en pacientes con quemaduras extensas deben efectuarse ionogramas frecuentemente
y administrar, si fuera preciso, cloruro sódico, cloruro potásico
y calcio.
Nitrofurazona al 0,2% (Furacín®): Es bacteriostático,
activo frente a gram positivos e inactivo con los gram negativos y favorece la
cicatrización. Presenta frecuentes fenómenos de sensibilización
ypuede agravar una insuficiencia renal.
Sulfamylon (acetato de mafenida al 10%): Es un bacteriostático
de amplio espectro, activo frente a gram positivos, gram negativos y pseudomonas
que difunde fácilmente a través de la escara. Produce dolor al ser
aplicado en quemaduras de segundo grado y favorece la acidosis metabólica
por pérdida renal de bicarbonato.
Clorhexidina al 0,5%: Es Activo frente a gram positivos,
gram negativos y hongos. No presenta efectos secundarios.
- QUEMADURAS OCULARES Y PALPEBRALES
Inicialmente resulta muy difícil valorar con precisión
la gravedad de las quemaduras de los párpados, salvo en caso de carbonización.
En la mayoría de las quemaduras palpebrales también está
afectada una parte considerable del resto de la cara por lo que el tratamiento
primario de la quemadura suele realizarse mediante la técnica de exposición,
aplicando antibiótico tres veces al día en forma de pomada durante
el tiempo que persista el exudado de suero.
En las quemaduras de la región periorbitaria la córnea
debe ser examinada cuidadosamente utilizando contraste de fluoresceína.
En caso de lesión corneal, los ojos deben irrigarse con suero salino -para
remover los irritantes químicos o las partículas sueltas- y el paciente
será remitido al oftalmólogo.
En principio, en toda quemadura de los párpados debemos
tratar simultáneamente la conjuntiva y la córnea mediante la aplicación
de gotas y pomadas con antibiótico en el saco conjuntival cada 4 horas,
añadiendo atropina si esta lesionada la córnea, lo cual reduce la
incidencia de resecación e infección.
Si durante el sueño la córnea no puede recubrirse
por el párpado superior debemos proceder a su fijación en posición
cerrada mediante la colocación de un apósito oclusivo, tiras de
esparadrapo o tarsorrafia. La tarsorrafía temprana debe evitarse, ya que
aumenta la deformidad palpebral e impide el examen frecuente de la superficie
corneal. La liberación temprana de las contracturas no está indicada
a menos que el ectoprión palpebral afecte a la visión.
Tan pronto como sea posible recurriremos a la aplicación,
en las áreas de granulación, de injertos de piel total y, si fuese
necesario, podemos injertar ambos párpados al mismo tiempo.
Las quemaduras moderadas de breve exposición -como las
provocadas por llamaradas de una explosión momentánea- suelen ser
de grado superficial por lo que una vez que la escara se desprende (entre ocho
y diez días más tarde) podrá comprobarse que la piel subyacente
ha cicatrizado. Sin embargo, a menudo existirá una discreta retracción
de la piel, que adquiere un aspecto liso y deslustrado, debido a la fibrosis resultante
y que si progresa puede dejar una retracción cutánea permanente,
especialmente, en los párpados inferiores.
El eritema dura largo tiempo y, en ocasiones, aparecen pequeñas
telangiectasias que pueden llegar a ser un considerable estigma y cuyo tratamiento
puede ser llevado a cabo con Luz Intensa Pulsada (IPL) o Láser. En estos
casos no esta indicado el injerto de piel, sin embargo, deberá añadirse
piel cuando provoque ectropion o cuando el punto lagrimal esté desplazado
del globo ocular.
- QUEMADURAS DEL PABELLÓN AURICULAR
La quemadura profunda del oído externo predispone al
cartílago auricular a la formación de abscesos, condritis y necrosis,
pudiendo producir verdaderas deformidades o, incluso, la pérdida completa
de la oreja. La condritis por infección del tejido quemado es la complicación
más importante de las quemaduras auriculares. Por tanto, el tratamiento
deberá ser enfocado hacia la prevención de ésta complicación
mediante la aplicación de antibióticoterapia tópica, siendo
el Acetato de Mafenide (Sulfamylon®) el más utilizado, no obstante
pueda ser utilizado cualquier otro antibiótico tópico.
La presión también es un importante cofactor
en la aparición de condritis por lo que para evitarla utilizaremos dispositivos
externos -tipo auriculares con forma de copa- que protejan el pabellón
auricular quemado de la presión postural.
La mayoría de las quemaduras auriculares responden bien
al manejo conservador aunque ocasionalmente pueda ser necesaria la cobertura del
cartílago expuesto con un el injerto de piel, o con un colgajo retroauricular
o témporoparietal.
- TRATAMIENTO DE LAS SECUELAS DE QUEMADURA
Dentro de las secuelas de las quemaduras debemos diferenciar
las estéticas y las funcionales. Las funcionales son prioritarias -interfieren
la vida normal del paciente- y merecen especial atención, por su importancia,
las oculares, de los párpados, en los labios y el cuello.
Las secuelas estéticas en la cara tienen gran trascendencia,
especialmente, por las repercusiones que pueden suponer para el desarrollo emocional
y psicológico del niño o para la vida emocional y social del adulto.
Debido a que las quemaduras alteran las características
de la piel, la piel quemada ha de ser sustituida. Las técnicas para la
obtención de piel sana son los expansores, los injertos y los colgajos.
1. Quetglas J. Traumatología facial. Sociedad
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2. Schultz RC. Basic principles in management of
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Little, Brown and Company. 4ª ed. 325-345, 1991.
4. Jackson I. Colgajos locales en la reconstrucción
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5. McCarthy J. Traumatismos de la cara. Cirugía
Plástica. Ed. Panamericana, 1992.
6. Horch HH. Heridas faciales. Cirugía Oral
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7. Manual práctico de Urgencias quirúrgicas.
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9. Camacho F. Sánchez–Muros J. Mecanismo de
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Libros Princeps, 113 – 119, 1992.
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