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Los
peligros estriban en las diversas reacciones a los medicamentos,
principalmente el choque anafiláctico, y las respuestas cardiovasculares
y pulmonares que puedan pasar desapercibidas o no sean controladas
a tiempo. Esto se ha reducido a niveles ínfimos gracias a
la monitorización cardiográfica y el control de las
constantes vitales: presión sanguínea, pulso, presión
de oxígeno en la sangre, etc. durante la intervención
y en la recuperación anestésica.
En toda cirugía, pero especialmente en Cirugía
Plástica, minimizar los riesgos es la norma. A pesar
de que en España es de uso la utilización de la hipotensión
inducida para evitar el sangrado en las intervenciones de estiramiento
facial y de la nariz, a nuestro parecer deberían ser evitadas
puesto que aumentan los riesgos quirúrgicos, y el mismo efecto
puede conseguirse utilizando una adecuada infiltración. De
todas formas, es evidente que en manos de un anestesista experto
la posibilidad de complicaciones será mínima.
También deben ser evitadas las transfusiones sanguíneas
y si en alguna ocasión se prevé la posibilidad de
su necesidad se puede hacer una autotransfusión, es decir,
durante un tiempo previo a la cirugía se extrae sangre del
propio paciente la cual será almacena para después
volver a transfundírsela. 
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