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Resultados

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En la cirugía del rejuvenecimiento facial pretendemos la naturalidad de los resultados a través del tratamiento global de los defectos que el tiempo acarrea. Con frecuencia han de tratarse otras estructuras para que los resultados sean los deseados. Paciente de 61 años con envejecimiento generalizado, que fue tratada con un estiramiento de la cara y del cuello, injerto en los labios, dermoabrasión alrededor de los labios y rinoplastia.

La valoración de los resultados es hecha a partir de la comunicación del paciente y según nuestra propia apreciación. Son calificados como malo, regular, bueno, muy bueno y excelente. También diferenciamos entre un resultado insatisfactorio, un buen resultado, el mal resultado, las complicaciones y las secuelas.

En este tipo de intervenciones no ha de buscarse la perfección técnica sino la satisfacción del paciente. El enfoque, por tanto, no ha de procurar la realización innecesaria de técnicas complejas sino que ha de procurar, con el mínimo de agresión, obtener el máximo de beneficio, entendiendo éste como la obtención de las expectativas de nuestro paciente. Consideramos, por tanto, resultados insatisfactorios aquellos que no cumplen este primordial objetivo pues, aunque la intervención técnicamente sea correcta, no ha conseguido ofrecer lo esperado.

Si la intervención está bien planificada y ejecutada probablemente se deberán a una deficiente comunicación entre el paciente y el cirujano, a que los criterios estéticos de ambos no coinciden, o bien, a que el paciente no reunía las condiciones psíquicas o emocionales adecuadas para la cirugía. Por ejemplo, no deben ser intervenidos aquellos pacientes que no se operan para mejorar un aspecto determinado de su físico, sino, para conseguir con ello recuperar una relación afectiva deteriorada. Como es lógico, la cirugía nunca podrá solucionar sus problemas y el resultado será insatisfactorio.

No cabe duda de que los resultados dependerán, en gran medida, de las condiciones iniciales existentes, es decir, no se puede esperar lo mismo de un estiramiento facial en un hombre de 40 años que en uno de 70, ni en la abdominoplastia de una mujer obesa o de una delgada. Cuando se han establecido claramente las perspectivas de la operación, tanto unos como otros quedarán satisfechos.

Un buen resultado llena de satisfacción tanto al paciente como al cirujano. No importa que pueda ser necesario más tarde la realización de algún pequeño retoque para mejorar una cicatriz o cualquier otro detalle menor, lo importante es la satisfacción de ambos.

Por otra parte, es necesario distinguir una cirugía seriada o previamente planificada en varios tiempos quirúrgicos (primero realizar un lifting de la parte superior de la cara y posteriormente, de la parte inferior), de lo que es un retoque. Por ejemplo, en la rinoplastia no es infrecuente la necesidad de retocar la cirugía inicial. Las causas incluyen, las peculiaridades de la cicatrización, las limitaciones de los tejidos del paciente y, como no, la pericia del cirujano.

Un mal resultado es aquel que presenta evidentes defectos, fruto de deficiencias diagnósticas, técnicas o de complicaciones quirúrgicas. La corrección suele exigir una nueva intervención.