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El método científico

03_metodoEs el grado de interés por la investigación quien define el nivel de desarrollo de un país o de una civilización: quien tiene una estructura de investigación tiene el tesoro de la creación, tiene la independencia científica, tecnológica y de pensamiento que esta aporta.

No hay avances en la Ciencia sin Investigación. La historia de la humanidad es la suma de conocimientos adquiridos a través de los tiempos, y el conocimiento, la interpretación racional de la realidad. Pero la realidad, no obstante, no es perceptible como tal sino que es representada bajo concepciones antropomórficas, en las que el modelo y la medida es el propio ser humano, el interpretador. Es, mediante la evolución del concepto, es decir, del propio lenguaje, como se va desarrollando la capacidad de interpretación, asimilando la verdad a la que somos capaces de acceder.

Debido a esto, en la historia, la adquisición de conocimientos no se hace de una forma gradual, sino que se van preparando con anticipación variable los diversos grados de saber: Existen en la historia idas y venidas, oscilaciones entre el saber y la ignorancia, entre el pensamiento mágico y el pensamiento científico. La consecuencia de esto es que las verdades de la ciencia van siendo revisadas paulatinamente conforme nuevos conocimientos niegan o modifican concepciones anteriores.

Atributo esencial del ser humano, el pensamiento, la razón, ha recorrido infinidad de caminos en la búsqueda constante del saber. En nuestra civilización fue Rene Descartes quien colocó las claves para hacer sensato el camino de la razón: El Método Científico.

En el Discurso del Método (1637) Descartes enumera y explica las principales reglas que han de seguirse en la búsqueda de la Verdad en las Ciencias. Comienza así su ensayo: “El buen sentido o sentido común es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada cual piensa estar tan bien provisto de él, que, hasta los más difíciles de contentar en cualquier otra cosa, no acostumbran desear más buen sentido del que ya tienen…“. De esa manera, y para no caer en la autocomplacencia, ni en la aceptación ciega de los conocimientos de otros, llega a establecer cuatro simples principios, tan vigentes hoy como entonces:

1º. No aceptar nada como cierto, es decir, no aceptar sino aquello incapaz de hacer dudar a nuestro espíritu: La duda.

2º. Dividir todo problema examinado en tantas parcelas como fuese posible y necesario para mejor entender la cuestión: Análisis.

3º. Ordenar todo pensamiento comenzando por lo más sencillo hasta lo más complejo: Ordenar.

4º. Hacer siempre enumeraciones tan complejas y revisiones tan generales hasta estar seguro de no omitir nada: Enumerar.

Con estas reglas del arte del raciocinio el individuo se enfrenta con la realidad de un problema, (observación), establece juicios entre causa y efecto y emite hipótesis que han de ser corroboradas o verificadas. azul