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Historia de los colgajos

La técnica de los colgajos ya era conocida por los egipcios 3.000 años a J., sin embargo, los principios físicos de la realización de los mismos y su movilización no son estudiados hasta finales del siglo pasado. La imagen representa la realización de un colgajo ( Z-plastia) basado en la elasticidad de los tejidos. La técnica de los colgajos ya era conocida por los egipcios 3.000 años a J., sin embargo, los principios físicos de la realización de los mismos y su movilización no son estudiados hasta finales del siglo pasado. La imagen representa la realización de un colgajo ( Z-plastia) basado en la elasticidad de los tejidos.

La bibliografía de la antigüedad ya refiere la existencia de técnicas de transplante de tejido: el papiro de Ebers (1500 a.C.) muestra que el injerto de tejidos era practicado por los egipcios en el año 3500 a.C. y los Vedas, libros sagrados de la misma antigüedad, relatan que tanto los colgajos como los injertos eran conocidos entre los antiguos indios. Este arte pasó de Egipto e India a los países del sur de Asia, Persia y Arabia, Grecia y, posteriormente, a Roma. En el siglo I Celso, en su libro “De Medicina”, reflejo de la escuela de Alejandría, trata del transplante de tejidos de una parte a otra del cuerpo.

Galeno (130 a 210 a.C.), médico griego emigrado a Roma y representante de la escuela hipocrática, fue, más que cualquier otro, quien mejor mostró la brillante posición de la cirugía reparadora durante el esplendor de la Roma imperial. Este autor daba instrucciones muy detalladas respecto a la reparación de los defectos de la nariz, oreja y boca. Sus enseñanzas, mezcladas con supersticiones, quedaron consagrados y fueron causa de un retraso considerable en el progreso médico. Poco tiempo después de su muerte, la caída del Imperio Romano bajo la dominación de los bárbaros llevó a Europa a la oscuridad de la cultura y los conocimientos sobre el transplante de tejidos fueron olvidados. En la edad media no se dieron nuevos avances en el campo de la cirugía e, incluso, la actividad quirúrgica fue considerada como “indigna del médico” y abandonada en manos de los cirujanos inferiores y vagabundos (Giovanni de Vigo).

Fue en 1492 cuando Branca de Catania, “doctor para heridos”, reintroduce el antiguo método indiano de los colgajos, tomados de las regiones adyacentes, para la reparación de los defectos de la cara. Gasparo Tagliacozzi (1546-1549), profesor de anatomía en Bolonia, fue el primero en describir, científica y fisiológicamente la realización de un colgajo del brazo para la reconstrucción de la nariz. Atacado por los teólogos de su tiempo, esta cirugía fue abandonada hasta el siglo XVIII, cuando, a través de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, llegaron noticias de la utilización por los indianos de los colgajos de piel de la cabeza. Influenciados por estas noticias, Von Graefe (1816) y Dieffembach (1829) en Alemania, Lisfranc (1826) en Francia, Carpue (1841) en Inglaterra y Warren (1847) en América, comenzaran a practicarla. Soth ya escribía en 1847 que “los colgajos eran de uso tan común en Inglaterra que ya no se hacían comunicaciones sobre tal operación”.

Sin embargo, es solo a partir de la 1ª Guerra Mundial cuando se consigue simplificar conceptos y sistematizar métodos, abriéndose nuevas perspectivas para el desarrollo de la técnica. Filatov (1917) y Gillies (1920), independientemente, idearon los injertos tubulares, que permitieron aumentar las proporciones de los colgajos, asegurando una mejor vascularización (x-32).

Desde entonces ha evolucionado mucho la técnica de la realización de los colgajos. Gracias a los nuevos conocimientos anatómicos y fisiológicos de la vascularización, a los colgajos de piel se sumaron los colgajos musculares, miocutáneos, fasciocutáneos, y, gracias a los avances tecnológicos, en la actualidad se están realizando con altos márgenes de éxito colgajos compuestos transplantados con técnicas microquirúrgicas. azul